En la calle de los muertos

En la calle de los muertosEl cielo languidece bajo brumas de polvo helado. Son las seis de la tarde y estoy en mi casa completamente solo. Cada sonido se escucha perfectamente. Mi tacto se ha vuelto más sensible, pues los vellos de mis brazos así lo hacen notar con el mero roce del viento. No veo con mucha claridad, pero me siento bien. Todo a mí alrededor es extrañamente mejor que siempre. Creo que no ha pasado mucho tiempo, cuando me percato de que tengo compañía.

A mi derecha, un hombre de aspecto estrafalario y grotesco se retuerce con desespero al sentir el demonio en su interior. No es para menos. Ha bebido una cantidad de veneno suficiente para acabar con su vida y otras siete más, si es que acaso se trata de un gato. A mi frente, una anciana desangrándose me mira fijamente, como queriendo dejar en aquel lugar el fantasma de sus últimas palabras, mientras el tiempo parece hacerse mucho más lento.  Justo a mi izquierda, dos chicas se besan, palpando la puerta de un éxtasis orgásmico. Una de ellas tiene su brazo a la mitad, pero lo usa con magín para saciar a su amiga, de la cual se desprenden unos vellos gruesos de sus axilas, que crecen a medida que recibe más placer.  Apenas alcanzo a ver un líquido viscoso que recorre el cuerpo de una de ellas, cuando noto la presencia desde atrás de un enorme búho que se acerca de la cocina al cuarto, sigilosamente. Perdido en sus enormes ojos, advierto la situación de peligro  en que me encuentro, pero mi cuerpo es tan pesado y lento para abandonar aquel lugar que tan solo me echo a reír como loco. Me siento tan bien como nunca antes.

A la mañana siguiente, en la prodigiosa calle de los muertos, los eruditos me reciben con la misma sonrisa, mientras yo saco de mis bolsillos el poco dinero que me queda, suficiente para adquirir otro tiquete a visitar la muerte.

Carlos J.

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Acerca de arkoriam

Si ignoramos infinidad de aspectos pertenecientes al plano de lo real, no me hago a una idea de cuán grande es nuestro desconocimiento del mundo fantástico. De alguna manera, vivimos de historias que oscilan entre esos dos cosmos y encontrar el valor que en ellas reside es la tarea de todo aquel hombre sensible e inquieto, cuyo objetivo no debe ser otro que buscar ser un poco menos ignorante cada día. Me gusta la Literatura y la comunicación audiovisual, escribir, leer y compartir con buenas personas, buenas charlas.

Publicado el julio 27, 2013 en Cuentos-relatos, Encuentro con la palabra. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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