Archivos Mensuales: julio 2014

Eclipse

Eclipse
 
No está de más eclipsarme… en tu mirada,
en tus manos, en tus variadas formas
de lunas y soles que llevas sobre tu piel.
No está de más escabullirme…
en el medio día o en la media noche,
si así lo permiten tus ojos.
 
Un eclipse se forma en tus pupilas,
porque en el cierre de tus párpados
mi camino se oscurece,
pero al abrirlos regresa su fulgor.

Hoy, al fin el cielo
atendió al vaivén de mi pluma,
al fin ha hecho veraz el místico encuentro ,
un encuentro especial, el nuestro…
 
Yo disfrazado de día y tú con tu traje de noche,
dejando el cielo desnudo por un instante…
el mismo instante que duran tus parpados en abrirse y cerrarse,
el mismo que dura un beso,
el mismo que dura un eclipse…
 
Carlos J.

A primera vista

A primera vista

 

 Mi bella musa, déjame contarte una pequeña reflexión,

Una que ocurre bajo esta noche fría, donde todo parece hablarme:

El crepúsculo, las estrellas, el aire, la soledad…todo me habla de ti;

Y yo con algo de nostalgia, pero con mucho de esperanza,

te empiezo a susurrar…

 Qué inverosímil se nos ha mostrado el tiempo.

Qué anárquico ha sido frente a toda suposición,

frente a toda naturaleza.

Misterioso, milagroso, ostentoso…

¡Ay de nuestro tiempo, del que apenas

ha terminado y del que viene!

Yace cuidadosamente bajo una luz divina,

O sobre la sombra de un árbol colosal.

No importa qué tan distante

ni qué tan de prisa va,

finalmente lo que importa es

que es nuestro, de nadie más…

 Treinta hojas de otoño han caído,

pulcramente delinean el umbral

de una gran historia;

Treinta días de un color diverso, puro…

de un viento terso y dócil,

de una emoción que desdibuja su límite.

 Mi diosa, mi reina, mi amada soberana…

Hoy un mes de amor ha transcurrido,

tan rápido, tan lento, tan intenso…

No ha de ser extraño;

Es siempre así cuando nace a primera vista.

 

Carlos J.

 

Un fantasma vive

Transcurre una lluviosa noche de octubre, y Juan, desde su habitación, piensa en el buen momento que tiene para escribir una historia de terror,y más aún después de presenciar el movimiento brusco y repentino del reloj de pared. Aun así, con los pelos de punta, se motiva a iniciar su relato…

Un hombre corre, sediento, a través de una calle de la que solo puede ver una delgada línea que prolonga su pánico. ¡No hay salida! A su alrededor, enormes paredes enaltecen y duplican la sombra que lo viene persiguiendo desde hace más de media hora. Su corazón agitado, su dificultosa respiración y las suelas de sus zapatos pegando contra el asfalto entran perfectamente en sus oídos como una tétrica melodía. Sus ojos nunca habían experimentado un manto tan oscuro como el que empezaba a envolverlo. De nada había servido correr tanto. Al final, la sombra de ese fantasma, —o quizás la sombra era el fantasma— siempre terminaría siendo más veloz que él.

Su alma se desvanece y, ahora, como los demás, está listo para volver a ese lóbrego mundo de los vivos, donde aún tiene un trabajo pendiente, antes de poder partir para siempre.

Juan mira el reloj, que no deja de moverse; el tiempo se ha detenido y una sombra empieza a cubrir su espalda…

 

Carlos J.