Archivos Mensuales: julio 2015

Diálogo al deseo

A esas alturas,
es demasiado pretencioso
creer que aún se tiene el control,
que aún se es poseedor del propio cuerpo.
A esas alturas, ambos oscilamos sombríos
sobre terrenos desconocidos,
como si en otra dimensión nos encontrásemos,
casi palpando el éter que abriga nuestro deseo.
A esas alturas, la respiración dificulta,
y sentimos ahogarnos, asfixiarnos, oprimirnos…
Y el deseo no encuentra otro camino
más que nuestros sexos para liberarse,
y emana entonces de ambos
toda una deleitosa vertiente que fluye sin parar.
A esas alturas, sentimos desgarrarnos
por el vacío de un descenso sin fin…
y allí estamos, empapados el uno del otro.
Apenas viendo nuestros cuerpos,
poseídos, heridos y sumisos… ante tanto placer.

Carlos J.

Identidad

Debería un hombre cualquiera,
por el motivo que sea,
en el momento que escoja,
en la cantidad que desee,
despedirse sonriente de su conciencia,
y adentrarse fascinado a los lujos del inconsciente.
Crearse, inventarse, reinventarse acaso, en el licor…
Probar todo cuanto trago pueda.
Beberse a sí mismo, beberse su vida sin piedad,
sin temor, sin pena…
(ya estos males abundan demasiado por ahí)
Descubrir los sabores, las esencias,
los espíritus que emerjan
desquiciados de ese proceso,
liberarse en el caos, en la locura, en la pesadumbre…
y encontrar así, quizá,
en la nimiedad de una botella, su identidad.

Carlos J.

 

Pocas veces

Pocas veces…

Pocas veces saldrán de sus labios…
Y es que tiene el poder de la palabra
Esa palabra que sabe abrirse paso y
llega directa al centro de su destino,
toda ella ardiendo como leña en la lumbre.
Unas veces, bajo el influjo de su retórica,
y otras, como hace tan poco,
gobernadas por su debida economía y precisión
(Sobre esto último se cimentarán
las siguientes míseras líneas)

-Vaya suerte- me diría un buen amigo,
al contarle que he podido conocerle.
Si se me diera por intentar algo
tan inútil como explicarles,
para empezar diría que es capaz de hacer
que aquellas palabras harto conocidas,
tan comunes en los mortales,
de hasta sencilla articulación fonética,
de repetido uso y desuso cotidiano,
esas de frecuente abuso hoy día,
(aspectos que bien podrían desdibujar el asombro o la dicha)
en su voz, sean todo un cosmos de paz,
regocijo, melodía infinita.
Quizá algo así como poesía…

Salido de sus labios, el sonido de los signos
emprende su camino serpenteado y agitado,
tan propio de esa bella atmósfera que nos es común,
pasa por allí dejando su aroma dulce,
como balsámico, y aunque es tan breve,
es suficiente para exaltar el halo estelar
que conforma su presencia.
De su boca, proviene el éxtasis, entregado
en besos o en palabras perfectas.
¡Dos magníficas presentaciones!

Pocas veces saldrán de sus labios…lo sé

¡Cómo arremetieron en las profundidades de mi ser!
¡Cómo detuvieron por un instante
el engranaje de mis vísceras!
¡Cómo temblé al saberme
fuerte y rendido ante el poder de su palabra…!
¡Al saberme destinatario de su lacónica resolución!
(Es seguro por esto último, he de aceptarlo,
que resulta todo de una naturaleza tan primorosa)
Los nervios, cada uno de mis nervios…
¿Qué puedo decir?
Solidarios, nobles en su labor,
transmitiendo la información súbita,
tejidos prolongados convulsionando,
envueltos en un juego
de señales e impulsos desordenados,
agitados como espuma que frota y acaricia
la suave arena de mar.
Y mis músculos todos,
comprimidos ante el puñal benévolo,
acompasados en una simultánea contorsión,
con fuerza abrazados
por sus escasas y dicentes palabras.
Y mis huesos, crujiendo por un instante
hasta el meollo, y sin embargo,
en una quietud paralela a la del tiempo,
siempre tan relativo.
Y mi piel, como una estepa,
atravesada por una doble y contradictoria intención:
cubre una actividad volcánica tan íntima
y descubre una serie de diminutas formas circulares
semejantes a las del ave sin plumas,
y no puedo evitar sentirme
un poco frágil y vulnerable.

Pocas veces saldrán de sus labios…

En un acto como poético, casi heroico,
esas dos palabras le han rasgado,
han brotado de su voz con ímpetu,
directamente cinceladas
en los recovecos de mi memoria…

Pocas veces saldrán de sus labios, ya lo he dicho…

Se me entenderá pues si pierdo la razón
No se me juzgarán los motivos
de escribir estas líneas.
Me será comprendido entonces si le respondo,
aunque de manera cobarde,
con sus mismas dos palabras: ¡Te quiero!

Carlos J.

Maldito gato inoportuno

Déjame dormir tranquilo esta noche,
maldito gato inoportuno
No poseo la culpa de tu mala suerte.
No soy tu amo, ni siquiera te conozco.
¿Con qué derecho vienes a joder mi sueño?
Vete, continúa tu ruta sombría hacia alguna parte.
Perteneces al desacierto,
eres una débil sombra en la penumbra.
Podría aniquilar tu escuálido cuerpo
a como irrumpas en mi techo.
Pero…¿cómo tus diminutas patitas suenan
en el silencio de la noche como pisotadas de un gigante?
¡Maldito gato inoportuno!
Te desplazas sobre el camastro
con la intención de hostigarme
y luego te encorvas sobre mi alfombra
para conciliar un plácido sueño…
¿Qué te has hecho?
¿a dónde has ido, gatito sin nombre?
Oh, deidad de la eternidad o criatura maléfica,
tu halo esotérico desaparece.
¿No era esta acaso tu primera vida?
¡Regresa, maldito! Te he guardado un poco de comida…
!Regresa, maldito inoportuno,
para poder dormir tranquilo esta noche…!

 

Carlos J.