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El ensayo es un género discursivo que, dentro de la literatura, configura otro importante modo de producción, en la medida en que, a través de él, es posible penetrar ese muro de concreto contra el que como lectores nos enfrentamos desde la primera lectura y así, permite entonces el adentrarnos en las inmensidades de la palabra y de la narración, para intentar establecer una opinión analítica y crítica de las obras. Este espacio está dedicado, pues, al ensayo. En él, publicaré algunos ensayos (en su mayoría de carácter académico) que vaya realizando en el transcurso de los días.

Roberto Zucco (Bernard Marie Koltés)

roberto-zucco

 SOCIEDAD VIOLENTA Y FLUCTUANTE:

UNA MIRADA DESDE LA LIQUIDEZ DEL SUJETO

Por Carlos Jaramillo

Resumen: A partir del aporte filosófico moderno del francés Zygmunt Bauman, se intentará evidenciar el concepto de Modernidad líquida en la obra dramática Roberto Zucco de Bernard-Marie Koltés, encauzándolo, a su vez, con elementos extraídos de La violencia y lo sagrado de René Girard y de otras posturas filosóficas, en función de acentuar la manifestación del “componente líquido” en la figura engañosa, deformada, endeble y, por consiguiente, violenta, propia de la sociedad actual, aspecto que buscará reflejarse en la obra de Koltés.

PALABRAS CLAVES: Zygmunt Bauman, Bernard-Marie Koltés, René Girard, Modernidad, liquidez, violencia, sociedad, identidad, individualismo.

Bien sabido es que el mundo, en esencia, es una esfera de masa, de materia articulada de la cual emana energía y movimiento. También se sabe que dicho mundo, o mejor, dicho cúmulo de materia se encuentra condicionada por diferentes estados que regulan la misma y mantienen el equilibrio en la superficie terrestre; así, conocemos entonces los tres estados en que puede presentarse: sólido, líquido y gaseoso, de los cuales Zygmunt Bauman usa los dos primeros para ejemplificar metafóricamente el devenir de la historia del hombre en sus diferentes ámbitos que, para nuestro caso, será examinado en términos fundamentados desde lo social en pro del desarrollo pertinente de la temática del presente texto, sin desconocer, como es debido, el sello importante implantado en otros ámbitos históricos desde los cuales también el autor en su obra establece su visión.

De este modo, Bauman utiliza el concepto de Modernidad refiriéndose a como el hombre inicialmente se condensaba en la solidez, en la rigidez social y en la pasividad ante lo ya establecido, configurando entonces una primera modernidad: la modernidad sólida, insoluble, estática, una época que marcó por largo tiempo el modus vivendi de las sociedades. Luego aparece el segundo estado, que es justamente en el que se cimienta su obra y de la cual se abordará el análisis de Roberto Zucco: La modernidad líquida. Es en ella —luego de un lógico proceso de transición— donde la sociedad adopta comportamientos claramente diferentes, fluctuando como los líquidos. Entonces, ¿no es fácil percibir hoy una sociedad contemporánea que se mueve y se agita con frecuencia, que adquiere un carácter súbito, moldeable pero inestable y propenso a la oscilación desordenada de sus partes?

Es este carácter pues, más concretamente el de la liquidez, el que servirá para ilustrar, a partir del coloquio entre dichos conceptos socio-filosóficos y la literatura encarnada en este drama trágico, por un lado, la identidad e individualismo en Roberto Zucco, y por otro, la idiosincrasia de las relaciones que se establecen en la misma, dando lugar así a una revisión de ese entramado que sostiene a la sociedad actual y de la que —cabe mencionar— se desprende ese matiz violento y autodestructivo que parece ser tan inherente a su naturaleza humana.

Ya se dio un bosquejo de la metáfora de la liquidez utilizada por Bauman; ahora bien, si hacemos una mirada también líquida, podremos esparcirnos sin problema por las páginas escritas por Bernard Marie
Koltés y encontrar en Roberto Zucco una obra que nos pone en evidencia la representación del sujeto (entendiéndose este, en general, como la humanidad) que fluye en el individualismo, que va y viene en medio de relaciones transitorias, efímeras, simples y fluctúa en la búsqueda o invención de su identidad con la cual logre encajar en el resto de la sociedad, aspectos que a la par sirven como claros indicios para explicar la exteriorización de esa violencia arraigada en el interior del ser y que bien se encarna, sin tapujo, en el personaje Zucco y, en menor nivel, en otros personajes de la obra.

Roberto Zucco, una obra teatral que ve su génesis finalizando la década de los 80, es escrita por Bernard Marie Koltés, un dramaturgo francés que para la época se encontraba debilitado a causa del SIDA. Tal vez esto nos dé a entender las pocas páginas de la obra, la mirada rápida que hace de la historia real sobre la que fue escrita y de la que toma, con posibilidad, los elementos quizá más notorios para construir una historia que corre a un ritmo ligero, con un tono simple, aunque con despliegues de notable elocuencia que exaltan su valía poética y que gira en torno a la figura de un asesino en serie que acaba con su familia y otros personajes, sin mostrar ningún tipo de piedad o remordimiento y que coincide, en su camino, con La chiquilla, otro personaje que adquiere por momentos protagonismo en la obra y que comparte ciertas similitudes con Zucco; es con estos dos personajes, pues, que Koltés teje dos historias entrelazadas que, entre otras cosas, denotan temas sustanciales como la virginidad, la prostitución, la libertad, el engaño , etc.

EL INDIVIDUALISMO, LA IDENTIDAD Y LAS RELACIONES: TRES ASUNTOS LÍQUIDOS

Tres asuntos líquidos salpican conjunta y transversalmente la obra de Koltés. El primero de ellos, la individualización del ser, nos marca una sociedad que funciona como un ente individual que puede valerse por sí mismo, que persigue sus intereses particulares y que se distancia de una colectividad de la que siente represión. Dicho de otro modo, una sociedad propensa a la fragmentación, a la descomposición y esparcimiento en direcciones distintas solventando así la necesidad aparente de desvinculación social, quedando al descubierto entonces que “la individualización parece ser la desintegración de la ciudadanía” (2002: 24) tal como lo indica Bauman en el prólogo de La individualización: El individualismo institucionalizado de su homólogo Ulrich Beck. Entre tanto, en Roberto Zucco se halla en continua expansión esa brecha que confronta al individuo con el ciudadano:

Soy un chico normal y razonable, señor. Nunca me he hecho notar. ¿Se habría fijado en mí si no me hubiera sentado a su lado? Siempre he pensado que la mejor manera de vivir tranquilo es siendo transparente como un cristal, como un camaleón sobre una piedra, atravesar las paredes, carecer de color y de olor; que las miradas de la gente te atraviesen y vean a la gente detrás de ti, como si no estuvieras allí. (1988: 59).

La modernidad es líquida porque ahora adquiere un curso emancipado que tiende a su autosuficiencia, sin embargo, el individuo no puede escapar del todo de la sociedad, dado que esta se configura como el medio que lo somete para así poder encontrar su ‘libertad’. Así pues, Zucco es el manifiesto de esa autosuficiencia, de esa emancipación que Beck indica en La individualización afirmando que “la propia existencia es vivida como una biografía reflexiva y electiva, que se expresa en el mandato ‘hágalo usted mismo’” (2002: 33). Sin embargo, Zucco sigue siendo ‘condicionado’ por el peso mismo de la sociedad en su intento de evasión, hecho que se hace notorio en la respuesta del anciano de la estación cuando le recuerda que siempre se puede descarrilar en cualquier momento:

Soy como un tren que atraviesa tranquilamente una pradera y que nada podría hacer descarrilar. Soy como un hipopótamo hundido en el cieno que se desplaza lentamente y al que nada podría desviar del camino y del ritmo que ha decidido tomar. (1988: 60)

En un sentido más general, a lo largo de la obra se observa el individualismo de los personajes, cada uno adoptando formas distantes, vertiendo su particularidad que apunta al beneficio propio y revistiéndose como una sociedad desvinculada. Ello es fácilmente apreciable en la chiquilla, quien dice tomar sus decisiones por sí misma; en el padre, un borracho cuya mayor cercanía se encuentra en las cervezas; en el hermano, quien va tras intereses netamente económicos; en policías que reflejan el despotismo y la corrupción… y así, el individualismo se va filtrando hasta inundar las líneas que bañan la obra de Koltés.

Muy ligado a este concepto de individualismo trabajado anteriormente está el de identidad, el segundo aspecto líquido. Bauman se refiere a la identidad como algo ondulante, espumoso, resbaladizo y acuoso y que hay que inventar, en lugar de descubrir. Por su parte, Erikson en su teoría de la psicología del yo entiende la identidad como un proceso ubicado en el núcleo del individuo y del entorno, que está en desarrollo y cambio constante. Así pues, ambos autores parecen estar de acuerdo en que la identidad es una tarea del individuo, mediada por la sociedad y que cambia dinámicamente. Tal resumen de datos, en consecuencia, es útil para, desde una visión personal, escenificar la identidad de Zucco, construida de forma semejante a la expuesta por los autores.

Así, vemos un Zucco que al parecer ha llevado una vida normal y que, de forma brusca, ha cambiado notoriamente, haciéndose criminal. Como si, tal vez, luego de sus revoltosos conflictos interiores, se hubiese reinventado exteriorizando así su naturaleza execrable, —de la que ya no podrá evadirse— como respuesta a una sociedad enajenante a la cual detesta y de la que desea huir, sin encontrar otra alternativa de respuesta que usar la violencia en su mayor esplendor.

¿Por qué este niño, tan sensato durante veinticuatro años se ha vuelto loco bruscamente? ¿Cómo te has descarrilado, Roberto? ¿Quién ha atravesado un tronco de árbol en ese camino tan recto para hacerte caer al abismo? (1988: 45).
Quiero marcharme. Hay que marcharse en seguida. Hace demasiado calor, en esta mierda de ciudad. Me gustaría volver a nacer perro, para ser menos desgraciado. Perro callejero, buscador de basuras. Nadie se fijaría en mí. (1988: 68).

Desde otra mirada, la identidad es entendida, en relación con la memoria, como una construcción que amerita una recopilación histórica del individuo, donde sus vivencias del pasado y del presente, más las proyecciones hacia el futuro, articulen esa tridimensionalidad temporal que forma la identidad. No ser tenida en cuenta esta transición a lo largo de la vida, sería negar las consecuencias de actos pasados construyendo una engañosa inocencia; sin embargo, se puede mencionar aquí la presencia que aparece innata en el individuo de poder olvidar. Memoria y olvido se vuelven entonces dos elementos que confluyen en la identidad. Así lo indica Nietzsche quien dice además que el niño es inocente porque no tiene pasado ni memoria, pero que ya no podemos transformarnos en niños, y por tanto, en la memoria se mantiene vigente aquello que no cesa de doler. En Genealogía de la moral dice que “la fuerza que actúa en contra de la memoria es la capacidad de olvido”. (1972: 65)

Siguiendo este rumbo, la escena 12 de la estación donde Zucco conversa con la señora a quien le asesinó su hijo, es un vivaz ejemplo de esta mirada de la identidad, en la que también converge el elemento líquido en la medida en que su identidad parece querer escabullirse, desbordarse, adquirir una forma “derramante” a través de su memoria, pese a que él expresa su deseo de ‘no querer olvidar’.

No, yo no olvido. Lo veo escrito en mi cerebro, cada vez peor escrito, cada vez menos claro, como si se borrase; tengo que mirar cada vez más de cerca para conseguir leerlo. Tengo miedo de encontrarme de pronto sin saber mi nombre. (1988: 92)

Y aún esta identidad parece establecer un cierto contraste paradójico, si hacemos una pausa para fijarnos en que Roberto Zucco resulta ser el único nombre propio de entre todos los personajes, como si se quisiera dotar de una identidad forzada que, tal vez, hace mucho siente robada por parte de la sociedad.

Las relaciones humanas inconsistentes, fluctuantes, cortantes son una característica que Bauman resalta con frecuencia para explicar la liquidez en la sociedad contemporánea, y allí viene el tercer aspecto líquido a tratar. Cuenta de esto se da cuando afirma en Identidad que “Así, si usted desea ‘relacionarse’, ‘pertenecer’ por el bien de su propia seguridad, mantenga las distancias.” (2005: 69) En Roberto Zucco se da en diferentes niveles esas mismas relaciones flojas, poco duraderas, improvisadas e ilusorias. La primera de ellas, la relación que ocurre entre el anciano y Zucco en la estación. Ambos en situaciones similares, moviéndose en un mundo que les resulta desconocido, ajeno y solitario, pero que, no obstante, detona una conversación que se vuelve el hilo de una relación efímera, diluyente, pero cargada de un aparente amparo recíproco.

Usted tartamudea, muy ligeramente; me gusta mucho. Me tranquiliza. Ayúdeme, en la hora en que el ruido irrumpa en este lugar. Ayúdeme, acompañe a este viejo perdido hasta la salida y más allá, acaso. (1988: 61)

En otro nivel se encuentra la relación que une a Zucco con la chiquilla; una relación que parece dejar en ambos una marca irreducible: En la chiquilla, la ausencia perpetua de su flor que ahora le pertenece a él y por consiguiente, su inserción en un mundo hostil; en Zucco, la pérdida de su ‘libertad’ desde el momento en que decide revelar su nombre, cediendo a las insistencias de ella. Así, dicha relación se vuelve entonces una constante fluctuación que se esfuma luego de un corto reencuentro.

Otra relación que cabe resaltar es la del hermano y la chiquilla. Entre ellos, hay una clara relación de costo beneficio, tan frecuente en las relaciones que describe Bauman, donde la globalización y el consumismo son protagonistas. Así, ocurre una liquidez dada en una relación frívola, dispersa y en un sentido, esta vez, monetario.

Yo he fijado el precio en abstracto porque no tiene precio… Pero yo no pienso discutir. Lo tomas o lo dejas. Haces el negocio del año o sigues en la miseria… Te hará ganar tanto dinero que olvidarás el precio. (1988: 88-89)

Se ha procurado, pues, por dar una mirada clara a la forma en que está presente el concepto de modernidad líquida en tres aspectos que considero resultan relevantes por su ejemplificadora inclusión en la composición líquida, encontrando así elementos de relación entre Roberto Zucco y este pensamiento socio-filosófico.

Ahora, a fin de concluir el presente análisis, se abordará el concepto de violencia, no desde un marco tan denotativo como lo muestra la obra, sino, más bien, desde otra postura social que tiene que ver con la implantación oculta del elemento de lo sagrado en las ‘instituciones’ que conforman la sociedad actual, de tal manera que, aun permaneciendo un acto de clara violencia, se logre camuflar este de tal forma que resulta aceptado por las personas. Por lo tanto, aventuraré a germinar un nuevo concepto, donde converja el elemento líquido de Bauman con el de la violencia trabajado en René Girard en su libro La violencia y lo sagrado:

LA VIOLENCIA LÍQUIDA

Como se mencionó anteriormente, en Zucco se plasma de manera patente esa violencia en su mayor furor, como si hubiese alcanzado el punto máximo de ebullición; el mismo, podría ser consecuencia de una visión que tiene Zucco frente a su mundo, viendo a este como una gran calamidad que amerita un rito especial, — como el Pharmakos que se ejecutaba en la Antigua Grecia en el que una persona o una colectividad era sacrificada para obtener la purificación y liberación de culpa — una especie de chivo expiatorio, concepto del que se vale René Girard para explicar cómo el sacrificio, a partir de lo ‘sagrado’ se vuelve una violencia que en la sociedad actual se muestra nebulosa, oculta, respaldada por motivos ‘necesarios’ y de aparente racionalidad para conseguir la aceptación de la misma, sin ser del todo percibida.

Por consiguiente, podría ser esta la razón que explica los múltiples asesinatos de Zucco, intentando condenar así al individuo en general como especie que debe ser exterminada, y de lo que ni él ni su familia quedan excluidos. Pertinente resulta entonces resaltar la cita que hace Girard de Konrad Lorenz cuando se refiere a ese aspecto sagrado como una violencia que busca una víctima de recambio, que para nuestro análisis puntual sería la humanidad en conjunto:

Lorenz, en La Agresión habla de un determinado tipo de pez al que no se puede privar de sus adversarios habituales, sus congéneres machos, con los cuales se disputa el control de un cierto territorio, sin que dirija sus tendencias agresivas contra su propia familia y acabe por destruirla. (1995: 10)

Emerge entonces una conclusión un tanto curiosa: Roberto Zucco configura la evidencia latente de esa realidad violenta que recorre como un fluido en la sociedad, realidad que en Zucco se halla en su forma más ostensible y absuelta de todo tipo de ornamentación, recurso que, en cambio, parece dotar con firmeza a la sociedad actual que encarna de manera ‘institucionalizada’ esa misma violencia. Así pues, una lectura como esta deja al descubierto una realidad violenta que, mostrada desde dos polos opuestos, parecería una paradoja vista desde la obra, dado que para evidenciar lo que parece estar enteramente invisible se vale de una manifestación violenta claramente visible y en fervor, hasta el punto de bullir como un líquido expuesto a intensa temperatura.

En resumen, la liquidez de la que me he valido gracias a Bauman, resulta, pues, un concepto más que concerniente para el análisis transversal que se ha hecho en Roberto Zucco, una obra que, a partir de esta interpretación, nos habla de la insustancialidad y el carácter violento y fluctuante que inunda la sociedad actual —de la que no sería sorpresa que, en un porvenir, se transfigure en un estado gaseoso y, por ende, más disperso aún— y que invita, sin lugar a duda, a una cercanía casi necesaria con la obra de este autor, reconocido hoy en día como referente del teatro contemporáneo.

BIBLIOGRAFÍA
Koltés, Bernard-Marie (1988). Roberto Zucco.
Bauman, Zygmunt (2003). Modernidad líquida. México: FCE.
Girard, René (1995). La violencia y lo sagrado. Barcelona: Anagrama.
Nietzsche, Friedrich (1972). La genealogía de la moral. Madrid: Alianza.
Zabludovsky Kuper, Gina. (2013). El concepto de individualización en la sociología clásica y contemporánea. Política y cultura, (39), 229-248. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422013000100011&lng=es&tlng=es.
DE ZAN, Julio. Memoria e identidad. Tópicos [online]. 2008, n.16 pp. 41-67 http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1666-485X2008000100003&lng=es&nrm=iso

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El ladrón de intimidades (Rawi Hage)

9788492723409Opinión de la novela

En este caso, la opinión de la obra “El ladrón de intimidades” O “Cockroach” (cucharacha) en su idioma original la condenso en el siguiente ensayo, en el que, además de expresar algunas opiniones, intento plasmar una conjetura a partir del análisis transversal realizado a la novela. No está de más decir que, con algunos tintes Kafkianos, es esta una obra maestra de la literatura contemporánea.

Puntaje: 8/10

Ensayo:

El ser humano no es más que un invasor, un ladrón de hábitats y una devastadora plaga que se multiplica con una vertiginosidad asombrosa para poblar y apropiarse de un lugar que nunca fue ni debió ser suyo. No es difícil descubrir que, bajo esta lacónica afirmación, en la que me sincero con tono bizarro y belicoso hacia mi propia raza, se esconda una cierta verdad que, luego de ser reflexionada y mejor aún, sencillamente probada, (como las ciencias experimentales) resulte difícil contradecir, dada su connotación ética, filosófica y universal que se acredita con solo detenernos, echar un vistazo a nuestro entorno  y hacer conciencia de nuestra existencia. Pero, ¿de quién era entonces ese mundo?, ¿a quiénes robamos el lugar en el que ahora, tan cómodamente, nos hemos instalado? Imaginen que se encuentran en una habitación con paredes blancas, vestidos con colores oscuros y a su alrededor no existe nada sobre lo cual encubrirse. Entonces atraviesan las paredes gigantes seres de razas antropomorfas que, con la algarabía de mujeres exasperadas, intentan pisotearlos, aplastarlos hasta que todos los líquidos de sus cuerpos se esparzan sin dirección alguna. Pero, con la suerte de las cucarachas, aparece al final del aventurado camino una puerta, una ventana quizá, y logran treparse por allí y desaparecer de las monstruosas pisadas de aquellos seres que los repudian y que sin consideración alguna los despojan del lugar por el que antes transitaban plácidamente.

Algo así debió sucederles hace muchos años a los blatodeos, estos pequeños seres ovalados y aplanados, de patas largas y espinosas, que con seguridad habitaban la tierra de manera sosegada al lado de los dinosaurios. Pese a la descripción, para que nuestra mente se haga a una idea más clara sobre estos seres, basta pronunciar la otra palabra, la conocida, la aterradora: “cucarachas”, sí, esas mismas… ¡Hablamos de las malditas cucarachas!; en realidad no son malas, pero totalmente malditas, y eso hicimos de ellas desde el momento en que llegamos a invadir su espacio. Ahora, después de todas los miles de años de cambios: variaciones de las condiciones terrestres, disturbios radio nucleares, cambios climáticos poderosos etc., siguen existiendo y siguen siendo lamentablemente subordinadas, condenadas a la privación infinita de su libertad; ¡Una tragedia digna de una venganza, sin duda! Y es justamente esta idea de venganza la que sospecho se ha apoderado de todas las cucarachas del planeta; parece que generación tras generación, cada vez con mayor ímpetu se desarrolla un gen malvado que, de forma automática, se dispara y genera la creación sutil de un plan que, poco a poco, con sostenida paciencia, irá tomando forma, lentamente. Así, el bicho este sabe que pronto llegará el día en que papá y mamá cucaracha celebren con él, con sus hermanos, con sus primos, etc., la muerte de los humanos, y cuando muera entonces el primer humano en patas de una cucaracha, ese día será el día más histórico, más solemne, como una fiesta de independencia, de todas las cucarachas del planeta.

No resultará extraño para ustedes la enseñanza que nos dan los bichos estos, o los insectos en general: saben organizarse, trabajar en equipo, comunicarse y… saben tener un líder; un líder que, como cualquier cucaracha, es capaz de arrastrarse por cualquier parte, surgir de los sitios más recónditos y difíciles que podamos imaginar. Con seguridad también han llegado a sorprenderse, cuando ven una cucaracha que parece diferente a las demás, más corpulenta, más rápida y con patas y antenas mucho más largas; y entonces piensan: “es la líder…”, una cucaracha líder capaz de surgir incluso de la imaginación literaria, capaz de moverse por páginas y más páginas como estrategia escogida para, como bien sabemos, ejecutar su plan de venganza: una estrategia bastante camuflada, pensarán. La cucaracha líder de la que hablaremos es, pues, la cucaracha sin nombre, la cucaracha inmigrante, la cucaracha triste, sola, enamorada, con desgraciados tintes de humano, surgida de las páginas de la obra de Rawi Hage llamada “El ladrón de intimidades”, la cual nos indicará cómo y por qué una cucaracha encarnada en un hombre ha decidido liderar ese exhausto proceso de venganza contra la raza humana. Analicemos pues el porqué de esta conjetura.

Es bastante común ver cómo el ser humano ha ido buscando respuestas a muchos aspectos de la vida, de la existencia concretamente. Pero resulta esta búsqueda un verdadero reto cuando esas respuestas parecen diluirse como el humo de una taza de café caliente, y es entonces allí cuando se busca, más allá del plano de la realidad, la solución a todos sus interrogantes. Y, como es natural, se utiliza la fe para descargar en ella el peso de todas esas incógnitas y decidir que, a falta de respuestas concretas, sea ella quien conduzca el camino a seguir y las elecciones que dependerán del mismo. En este sentido, una de las dudas que más ha azotado a la humanidad es saber sobre su fin, sobre el momento del apocalipsis y de la furia de Dios, del juicio final en el que buenos y malos obtendrán lo que merecen y es por eso que, puerta a puerta, como si también hubiesen robado la paciencia propia de las cucarachas, caminan personas con una biblia en la mano pretendiendo convencer a los demás sobre el fin del planeta y la manera de hallar la salvación. Miremos el siguiente fragmento del libro:

 ¿Es consciente del agujero de ozono que tiene encima? ¿Ozono?, pregunté. Sí, Ozono. Es la capa atmosférica que nos protege de los rayos ardientes del sol. Hay en él un agujero que mientras hablamos se está expandiendo, y pronto nos freiremos todos. Solo las cucarachas sobrevivirán para dominar la Tierra. Pero no pierda la esperanza, joven, porque se puede redimir hoy si compra esta revista y asiste a reuniones sobre la Biblia en nuestro Salón del Reino. Compre la revista, hijo mío. ¡Léala y arrepiéntase! (Hage, 2008, p.12)

Analicemos de la anterior cita dos cosas brevemente: Primero, Hay que comprar la revista y de esta manera dar el primer paso para encontrar la salvación eterna. ¿Pretenden los humanos, pese a todo el daño causado, engañar al hombre cucaracha? ¿Acaso no les ha bastado con todo lo nefasto de sus actos? Lo segundo, resaltemos lo que dice la dama testigo de Jehová a nuestra cucaracha sin nombre: “¡Léala y arrepiéntase!”… ¿Pretenden también dar órdenes? Además… ¿arrepentirse? Ya parece ser demasiado tarde, ya el reino que yace en el subsuelo viene armando su estratagema como para considerar arrepentimientos humanos. Prueba de ello lo vemos en la reacción de quien, para referirnos por un nombre, llamaremos Cucaracha sin nombre, Cucaracha inmigrante, Cucaracha enamorada o simplemente Cucaracha. Con la discreción propia de ellas, Cucaracha sin nombre responde comprando efectivamente la revista, y mostrándose ingenuo a la retórica salvadora e ilusoria que le plantea la mujer testigo de jehová. Es necesario que lo haga, no puede levantar sospechas, tanto que llega a pedirles a las dos mujeres que tengan piedad de él en ese futuro día candente, donde todo arderá en llamas, y solo reinarán las cucarachas… al menos esto último debe ser lo único razonable del discurso, pensará con seguridad Cucaracha. Miremos la conversación que Cucaracha tiene con Reza, luego de que conoce a Shohreh, la razón del por qué también la llamaremos Cucaracha enamorada. “Pero Reza, maestro, dije, las hermanas también follan, las hermanas también tienen necesidades…” (Hage, 2008, p.19)  Ese término “hermanas” cuya connotación religiosa va dirigida a Shohreh, mujer iraní de la cual se enamora profundamente, es un indicio sutil de la burla que hace Cucaracha sobre la condición “pura”, “respetable”, “pulcra” y encaminada por la “fe” que pretende tener el ser humano, sin importar su procedencia. Ahora, miremos cómo a través de esta conversación, Cucaracha da cuenta de su odio al ser humano, de sus falsas pretensiones de vivir bien, como si creyera que de esta manera va a salvarse de lo que ya empieza a sospechar que le espera:

 Mírate, todo vestido elegante para seducir, encantar y atraer a esos pobres ciudadanos a tu mundo fantástico e imaginario. Para hacerlos arrodillarse en duros bancos, repitiendo cánticos de redención dentro de las mismas paredes, bajo los mismos ardientes soles de sus días de duro trabajo. Mírate, hijo del hombre, vestido de seda. No puedes estar guapo sin envolverte de la saliva de los gusanos. Yo al menos no necesito ninguno de tus adornos. Tengo un brillo totalmente natural, bien elaborado y añoso, como el vino destilado. (Hage, 2008, p.248)

¡Estas palabras solo puede decirlas un hombre Cucaracha con deseo de venganza!

Otra prueba del plan de Cucaracha podemos verlo en la conversación que sostiene con Shohreh: “Le conté que cuando Jesús venga y nos mate a todos los pecadores y acompañe a los fieles a su reino inmaculado, solo estos insectos sobrevivirán. Heredarán la tierra, dije.” (Hage, 2008, p. 52) Bien analizado, se puede sentir ese tono irónico de sus palabras, que finalmente siempre revelan que son los insectos quienes sobrevivirán, y lo repite constantemente, camuflando su aseveración bajo esa manta religiosa. Y como prueba del plan que poco a poco van ejecutando las cucarachas, Shohreh reacciona atacando los bichos que habitaban en el apartamento de Cucaracha Inmigrante, ya que le recordaban que su país también había sido abandonado a las cucarachas. Entonces  responde: “Son la hez de la Tierra. ¡Han de ser erradicadas!” (Hage, 2008, p.52) Ahora bien, ¿un país abandonado por las cucarachas no es una muestra de que el plan empieza a tomar forma? ¡Es tan natural la reacción de la hermosa Shohreh…! ignora que finalmente el humano sufre un proceso de metamorfosis que lo lleva a convertirse en cucaracha, lentamente, y es allí donde ellas reinarán la tierra. Y no es nada alejado de la realidad; ahora los vemos cargando biblias, pidiendo diezmos o profesando la palabra protectora sobre el altar. ¿Se dan cuenta? El plan, poco a poco, como siempre lo he sostenido, empieza a funcionarles.

Ahora detengámonos con más precisión en la relación de Cucaracha enamorada y Shohreh; Así reacciona Cucaracha cuando conoce a su amada: “Me volvió loco, me provocó un ataque instantáneo de metamorfosis que me hizo morder platos de papel, lamer utensilios de plástico, perderme en bolsas de patatas fritas.” (Hage, 2008, p.18) ¿Qué sucedería entonces, si este hombre, convertido ahora en Cucaracha, nuestro protagonista, penetra en el interior de Shohreh? Sí, terminará convirtiéndola también en cucaracha. Miremos: “Entonces nos revolcamos en la suciedad e hicimos el amor en la suciedad hasta que esta se convirtió en nuestro emblema, nuestra bandera a la que jurar lealtad, nos emborrachamos y compusimos nuevos himnos con gruñidos y el pesado exhalar e inhalar de la respiración.” (Hage, 2008, p.52) ¡Qué mejor manera de unirse a Shohreh, de juntarse a su aliada para ejecutar su plan de venganza contra la sociedad que con una espléndida cópula!, ¿verdad? Ahora, los mundos de Cucaracha enamorada y Shohreh no se desprenderán, seguirán juntos, burlándose del fiasco que es el humano y lo estúpido que lo vuelven sus creencias, mientras amortiguan sus deseos de venganza que dulcemente son los mismos: ambos inmigrantes, ambos con un pasado desgraciado y ambos con un as bajo la manga del cual hablaremos más adelante.

La Montreal donde se desarrolla la historia es una ciudad de la élite, una ciudad que acoge a miles de inmigrantes que llegan allí buscando, paradójicamente, una vida mejor. Lo que no saben esta cantidad de futuras cucarachas es que acaban de dar el primer paso para convertirse en eso… en las malditas cucarachas que siempre han odiado, a las que tanto daño han hecho. El caso de Cucaracha inmigrante es solo uno de los muchos casos de personas inmigrantes que viajan de otras partes del mundo, buscando mejorar las condiciones de vida o en su mayoría, escapando de sus lugares antes de que los maten… Porque como bestias que son, porque eso es el humano, se matan unos con otros sin razón alguna, facilitando el trabajo a las cucarachas. ¿No merecen el castigo que les espera? Esta alta sociedad alojada en Canadá, muchos de ellos de procedencia francesa, son continuamente atacados por el narrador de la obra, Cucaracha sin nombre, y reflejan otra razón más del odio de esta hacia la sociedad en que vive. Una tras otra, vemos las razones que tiene Cucaracha inmigrante para continuar con su plan que ejecuta genialmente en el inframundo, vemos el desprecio hacia esa alta burguesía, esa aristocracia disfrazada, pomposa y delirante con ínfulas de clases selectas y finas de la sociedad, disfrutando de lo que no les pertenece, de lo que crearon falsamente para apoderarse del mundo, un mundo cada vez más consumista, más devorador, más aniquilador, pero también más auto-destructor… y esto le gusta a Cucaracha inmigrante, porque justamente quienes se acaban a sí mismos, quienes destruyen su propio planeta con su voraz apetito consumista, no son más que cucarachas después de sus propios procesos de transformación, y que ahora solo deambulan por el mundo apoderándose y destruyendo lo que era de los humanos, pero que, a fin de cuentas, también estos robaron. Siendo así, la auto-destrucción del mismo estúpido humano, se encarga de dar justicia, de devolverle poco a poco lo que muchos años antes le perteneció a las cucarachas. Miremos algunos ejemplos de este desprecio hacia la sociedad, de esta burla constante:

“Tus días han acabado y tu especie está condenada. ¡Basura impotente y estéril! Y será mejor que sirva migas y rocío viscoso en su menú masticable Monsieur Pierre, o su negocio se verá condenado al cierre y a la destrucción. Será mejor que se acostumbre al ruido del rascar y el zumbido de las alas que abanican la comida caliente…” (Hage, 2008, p. 32)

Ahora miremos esta profunda crítica social, esta irreverencia hacia los status sociales de las metrópolis, el odio puesto allí contra el actuar del ser humano:

Los ricos odian a los pobres, y odian especialmente a aquellos cuyos olores salen a la superficie como una nube para ocultar el olor de los cigarrillos y de los platos calientes o para tapar el aroma viajero de un perfume caro. Nada corporal, nada natural debe emanar de un sirviente. Un sirviente debe ser visible, pero indetectable, eficiente pero pasar inadvertido; debe dar de comer, pero estar mal nutrido. Un sirviente debe ser siempre visto en blanco y negro. (Hage, 2008, p. 79)

Razones de sobra tiene, pues, Cucaracha sin nombre para llevar su plan, para acabar de raíz con la especie humana. Pero si acaso, aún quedan dudas, miremos esta expresión y comprendamos que solo basta leerla para entender que efectivamente Cucaracha sin nombre se trae algo entre manos, que pronto logrará acabar con el primer humano por sus propias patas, y así, lentamente, ofrecerle un sentimiento de libertad a todas sus compañeras del subsuelo.

“Y toda la melodía procederá del corazón de los seres cuyos instrumentos son innatos dentro de ellos; patas de insectos que hacen canciones delicadas como si fueran violines… millones de criaturas sincronizadas, orquestadas, marchando para reclamar lo que les pertenece.” (Hage, 2008, p.29) “Marchando para reclamar lo que les pertenece…” ¡más que claro!

Ahora quiero aportar otras evidencias basadas en hechos: Los fósiles más antiguos de cucarachas datan del Carbonífero inferior (hace 360-310 millones de años). Se llegó a denominar esta época “la edad de las cucarachas” ¿les miento cuando afirmo que las desplazamos de su lugar? Además, las cucarachas se volvieron inmunes al veneno de los malditos humanos. Ahora todas, como Cucaracha sin nombre, se ríen al ver cómo fallan en sus intentos por destruirlas, cómo intentan en vano detener la multiplicación que llevan a cabo en escondites secretos, en los lugares más desapercibidos. Sin el humano enterarse completamente, ya se encuentra invadido por estas y pronto sabrán de qué les hablo. Yo no me asusto… quizá hace mucho que me convertí en cucaracha. A tal punto de determinación han llegado, que incluso lograron desarrollar la estrategia de partenogénesis, en la que cucarachas hembra no necesitan aparearse con el macho para reproducir. Nada mal para estos bichos tan “indiscriminados”. ¡Incluso se hacen las muertas! No me extrañaría pensar que puedan gobernar mejor este mundo que el propio humano. (TDI.2009. 101 cosas sobre las cucarachas. Resolviendo la incógnita.)

Analicemos ahora aspectos internos, psicológicos del personaje, basándonos en sus expresiones y pensamientos narrados frecuentemente para ver cómo pueden darnos más idea o al menos nos permitan confirmar nuestras sospechas sobre su ya mencionado plan destructor. “Lo maldije en su cara y le dije que llegaría el día en que todo mi poder saldría a la superficie”. (Hage, 2008, p.29) Como bien sabemos, Cucaracha es un hombre que roba cada que puede, que sabe meterse, fiel a sus habilidades de insecto, por los espacios más diminutos, por las estructuras de más difícil acceso y las superficies más indeseables hasta adentrarse en las casas, hasta robar lo que desea, incluso las intimidades de quienes de alguna manera, se convierten en sus víctimas. De esta manera, Cucaracha sin nombre aventaja claramente al humano quien no logra entender cómo su tranquilidad, su intimidad, de repente, se ve obstruida por algo que no puede detectar. ¡Es la gran habilidad de la cucaracha! Y esta habilidad la utiliza también para irse vengando lentamente de la especie humana, como una manifestación de su desprecio infinito. Miremos: “Me sentía instintivamente atrapado en el mundo cruel e inhumano saturado por los seres humanos. Odiaba a los mayores que siempre me miraban de arriba abajo. Por supuesto, ellos gobernaban las alturas, pero yo era el amo del subsuelo.” (Hage, 2008, p.26)

Hay una expresión en la cual Cucaracha parece darnos la llave secreta, parece decirnos en términos muy suyos la verdad que pronto todos conocerán: “Otros seres humanos contemplan el cielo, pero yo te digo que el único modo de llegar al mundo es pasando por el subsuelo”. (Hage, 2008, p.27)

Y en este fragmento, Cucaracha nos deja ver su interior, su sensación, no debe ser nada fácil superar todo lo que ha debido superar, la muerte de su hermana, su intento de suicidio, las constantes discusiones familiares, las muertes que presenció en la guerra de su país natal, un hombre cuya historia lo ha vuelto más fuerte, dispuesto a condenar a una sociedad sucia, pérfida, a la que muy pronto logrará destruir. “Era la necesidad que sentía de desnudar al mundo de todo lo que había a mi alrededor y existir por debajo de todo ello, sin objetos, gente, luz ni sonido. Era mi necesidad de desplegar una eterna manta que lo cubriría todo, sellaría el cielo y mi ventana y convertiría el mundo en la obra teatral de un insecto.” (Hage, 2008, p.16)

Finalmente, quiero retomar el caso  del as bajo manga de Cucaracha sin nombre y su Shohreh… a Shohreh la mueve el deseo de muerte hacia Shaheed; por su parte, Cucaracha sin nombre aún tiene vivo el recuerdo de la oportunidad que tuvo para terminar con Tony, el asesino de su hermana. A ambos los mueve el deseo de venganza, es por ello que cuando Cucaracha Enamorada asesina finalmente, con sus propias patas a Shaheed, el asesino y violador que perturbó a Shohreh en su pasado, huye rápidamente a donde siempre perteneció, a donde siempre iba después de robar comida, algún objeto, o simplemente después de robarse la intimidad de alguien, al subsuelo. Allí, en el inframundo, a través del desagüe que tanto le gustaba (“Lo que realmente me fascina son esas pequeñas cantidades de espuma de jabón que flotan hacia el desagüe, girando y desapareciendo. Las pequeñas cosas como esa me hacen pensar. Empiezo a valorar mi existencia basándolo en esas observaciones” (Hage, 2008, p.43) ) nuestro narrador o Cucaracha sin nombre como lo hemos bautizado, se escapa para ir a celebrar junto a sus aliadas la primera gran victoria, la caída del primer hombre en propias manos o, mejor, en propias patas de una cucaracha, lo que supone el comienzo del fin de la raza humana.

Así pues, pretendo con estos datos y citas probarles la veracidad de la hipótesis de que muy seguramente el narrador de “El ladrón de intimidades” efectivamente lidera un macabro y bien estructurado plan, con mecanismos de ataque y defensa claros, para por fin volver a apoderarse de lo que una vez perdieron. Es importante aclarar que toda esta hipótesis se basa en una sensación de dualidad interna que siento que vive el personaje, una lucha consigo mismo por vivir bajo las tinieblas, ocultado del sol, ocultado de la nefasta humanidad y sus atrocidades, y planeando, bajo el lugar más remoto del subsuelo, el plan de venganza contra la raza humana. Plan que finalmente logra materializar luego de asesinar al primer hombre, ese que no pudo asesinar antes para salvar a su hermana, y así lograr una venganza, en primera instancia, personal, consigo mismo, y luego una venganza universal contra todo aquel ser humano que persista en mantenerse en un lugar que ahora empieza a pertenecerle, como hace miles de años, a estos astutos insectos, a estos estrategas ladrones de intimidades. Así, quizá entonces puedan volver a dar origen a una “Edad de las cucarachas”, razón por la cual batirán sus alas y moverán sus antenas con máximo orgullo.