Archivo de la categoría: Poesía

Diálogo al deseo

A esas alturas,
es demasiado pretencioso
creer que aún se tiene el control,
que aún se es poseedor del propio cuerpo.
A esas alturas, ambos oscilamos sombríos
sobre terrenos desconocidos,
como si en otra dimensión nos encontrásemos,
casi palpando el éter que abriga nuestro deseo.
A esas alturas, la respiración dificulta,
y sentimos ahogarnos, asfixiarnos, oprimirnos…
Y el deseo no encuentra otro camino
más que nuestros sexos para liberarse,
y emana entonces de ambos
toda una deleitosa vertiente que fluye sin parar.
A esas alturas, sentimos desgarrarnos
por el vacío de un descenso sin fin…
y allí estamos, empapados el uno del otro.
Apenas viendo nuestros cuerpos,
poseídos, heridos y sumisos… ante tanto placer.

Carlos J.

Identidad

Debería un hombre cualquiera,
por el motivo que sea,
en el momento que escoja,
en la cantidad que desee,
despedirse sonriente de su conciencia,
y adentrarse fascinado a los lujos del inconsciente.
Crearse, inventarse, reinventarse acaso, en el licor…
Probar todo cuanto trago pueda.
Beberse a sí mismo, beberse su vida sin piedad,
sin temor, sin pena…
(ya estos males abundan demasiado por ahí)
Descubrir los sabores, las esencias,
los espíritus que emerjan
desquiciados de ese proceso,
liberarse en el caos, en la locura, en la pesadumbre…
y encontrar así, quizá,
en la nimiedad de una botella, su identidad.

Carlos J.

 

Pocas veces

Pocas veces…

Pocas veces saldrán de sus labios…
Y es que tiene el poder de la palabra
Esa palabra que sabe abrirse paso y
llega directa al centro de su destino,
toda ella ardiendo como leña en la lumbre.
Unas veces, bajo el influjo de su retórica,
y otras, como hace tan poco,
gobernadas por su debida economía y precisión
(Sobre esto último se cimentarán
las siguientes míseras líneas)

-Vaya suerte- me diría un buen amigo,
al contarle que he podido conocerle.
Si se me diera por intentar algo
tan inútil como explicarles,
para empezar diría que es capaz de hacer
que aquellas palabras harto conocidas,
tan comunes en los mortales,
de hasta sencilla articulación fonética,
de repetido uso y desuso cotidiano,
esas de frecuente abuso hoy día,
(aspectos que bien podrían desdibujar el asombro o la dicha)
en su voz, sean todo un cosmos de paz,
regocijo, melodía infinita.
Quizá algo así como poesía…

Salido de sus labios, el sonido de los signos
emprende su camino serpenteado y agitado,
tan propio de esa bella atmósfera que nos es común,
pasa por allí dejando su aroma dulce,
como balsámico, y aunque es tan breve,
es suficiente para exaltar el halo estelar
que conforma su presencia.
De su boca, proviene el éxtasis, entregado
en besos o en palabras perfectas.
¡Dos magníficas presentaciones!

Pocas veces saldrán de sus labios…lo sé

¡Cómo arremetieron en las profundidades de mi ser!
¡Cómo detuvieron por un instante
el engranaje de mis vísceras!
¡Cómo temblé al saberme
fuerte y rendido ante el poder de su palabra…!
¡Al saberme destinatario de su lacónica resolución!
(Es seguro por esto último, he de aceptarlo,
que resulta todo de una naturaleza tan primorosa)
Los nervios, cada uno de mis nervios…
¿Qué puedo decir?
Solidarios, nobles en su labor,
transmitiendo la información súbita,
tejidos prolongados convulsionando,
envueltos en un juego
de señales e impulsos desordenados,
agitados como espuma que frota y acaricia
la suave arena de mar.
Y mis músculos todos,
comprimidos ante el puñal benévolo,
acompasados en una simultánea contorsión,
con fuerza abrazados
por sus escasas y dicentes palabras.
Y mis huesos, crujiendo por un instante
hasta el meollo, y sin embargo,
en una quietud paralela a la del tiempo,
siempre tan relativo.
Y mi piel, como una estepa,
atravesada por una doble y contradictoria intención:
cubre una actividad volcánica tan íntima
y descubre una serie de diminutas formas circulares
semejantes a las del ave sin plumas,
y no puedo evitar sentirme
un poco frágil y vulnerable.

Pocas veces saldrán de sus labios…

En un acto como poético, casi heroico,
esas dos palabras le han rasgado,
han brotado de su voz con ímpetu,
directamente cinceladas
en los recovecos de mi memoria…

Pocas veces saldrán de sus labios, ya lo he dicho…

Se me entenderá pues si pierdo la razón
No se me juzgarán los motivos
de escribir estas líneas.
Me será comprendido entonces si le respondo,
aunque de manera cobarde,
con sus mismas dos palabras: ¡Te quiero!

Carlos J.

Maldito gato inoportuno

Déjame dormir tranquilo esta noche,
maldito gato inoportuno
No poseo la culpa de tu mala suerte.
No soy tu amo, ni siquiera te conozco.
¿Con qué derecho vienes a joder mi sueño?
Vete, continúa tu ruta sombría hacia alguna parte.
Perteneces al desacierto,
eres una débil sombra en la penumbra.
Podría aniquilar tu escuálido cuerpo
a como irrumpas en mi techo.
Pero…¿cómo tus diminutas patitas suenan
en el silencio de la noche como pisotadas de un gigante?
¡Maldito gato inoportuno!
Te desplazas sobre el camastro
con la intención de hostigarme
y luego te encorvas sobre mi alfombra
para conciliar un plácido sueño…
¿Qué te has hecho?
¿a dónde has ido, gatito sin nombre?
Oh, deidad de la eternidad o criatura maléfica,
tu halo esotérico desaparece.
¿No era esta acaso tu primera vida?
¡Regresa, maldito! Te he guardado un poco de comida…
!Regresa, maldito inoportuno,
para poder dormir tranquilo esta noche…!

 

Carlos J.

Sentencia sobre la tentación

Entrégate a los dominios de la sugestión,
que suelen ser siempre más fuertes que la voluntad.
Deja que su arbitrio te conquiste.
Hazlo, entrégate a la seducción que te llama,
al embrujo hipnótico de la tentación
que bajo el sello de la abstracción
o de la singularidad del sustantivo
hace que avances, que la persigas,
que busques casi con desespero su encuentro…
Entrégate a la fragancia que tiene lo incierto.
No dudes, no te abstengas, lánzate.
No engendres en tu interior un recinto hermético,
no pretendas recluir tus ansias,
no amoldes el ímpetu de tu deseo…
Desnuda tu miedo, tu probidad, tu ‘moral’
y corre hacia la tentación
y luego ríe al verte más humana.
Porque o corres hacia ella o ella correrá hacia ti.
En todo caso, correrás con anteojeras,
terminarás ignorando lo demás
y ahuecando el aparente concreto.
Tu avance cataclísmico seguirá las ondas incitadoras
y a tu alrededor el frágil, el flemático… caerá.
Deja que la tentación te abrace, te bese, te arrulle…
Disfrútala lo que dure, porque también se va.
De su carácter volátil no queda nada;
se desprende siempre lo ilusorio
y te escurrirás por allí,
entre sus fisuras fantasmagóricas,
y desaparecerás.
Te lo digo yo, el cagueta contradicente
que sabe hundirse en el fango,
emitiendo sentencias absurdas,
el que cree saber de lo que habla,
y deja siempre que el silencio reine.
Te lo digo yo, el frágil,
el de caparazón blandengue
que agita su temor, su desconcierto
y su recelo como una bandera…
Te lo digo yo, que he caído y conozco
las cuestiones irreparables de la atracción.
Te lo digo yo, la víctima inevitable
de tu segadora tentación.

Carlos J.

Elucubraciones de madrugada

Aún me besa su boca, aún atrapo sus besos en mi boca,
aún intento hallar unos versos que me entreguen su boca,
ese silogismo intuitivo que escapa, que apenas, tenue,
me deja concluir algo…
Luego de sus besos, uno no puede volver a ser el mismo.
El hechizo, que apunta en picada, una vez se posa adentro,
despiadado, engendra una revoltosa antítesis, un contraste inagotable.
Sus besos liberan, el cuerpo se hace más ligero
y el deseo por fin encuentra su vía, su ruta perfecta…
pero también sus besos condenan, se vuelven terriblemente necesarios
y uno se pasa el día pensando en cómo reencontrarse
con ese aire ígneo súbitamente placentero que habita en su boca.
Luego de sus besos, creo, se es libre
y se es preso para siempre…

C.J

Atrapado/La fuente vitalicia/Entre la noche y el día

Atrapado

Soñé imaginando
que soñaba con vos.
Habitabas en los huecos del tiempo,
en las coyunturas del espacio,
mientras yo, sentado,
esperaba sobre una roca cristalina
a descender lentamente
en el vacío perpetuo de tu sentencia.
¡Qué maña tuya cuando vienes y vuelves,
cuando transformas en diminuta
la extensa llanura en que vivo!
Escapo de ti para poder regresar.
Alguien que lo haga, que me ayude…
todavía no consigo despertar…

 

La fuente vitalicia

Ven. Acerca tu boca a la mía,
porque sobre ella baja,
desde la cúspide hasta la pradera,
tibia y purificadora,
la fuente líquida que reaviva
mis sentidos.
Tu suave hálito atrae, aletarga,
desenfrena y condena.
¡Oh musa, imagino que juego
a seguir, a través de tu rastro,
el aroma malva de tus labios!

 

Entre la noche y el día

He decidido seguirla.
La esbelta línea curva
de su sombra
me conduce a las tinieblas.
El tiempo se acelera a nuestro paso
y las higueras brindan un oxígeno
más intenso y cobijador y sofocante.
Y en la penumbra,
en la mitad del crepúsculo ardiente,
las siluetas proyectadas
descenderán para ser polvo,
para ser nada, para ser dispersas
en la bruma de un azul
funesto y penetrante.

 

Carlos J.

Eclipse

Eclipse
 
No está de más eclipsarme… en tu mirada,
en tus manos, en tus variadas formas
de lunas y soles que llevas sobre tu piel.
No está de más escabullirme…
en el medio día o en la media noche,
si así lo permiten tus ojos.
 
Un eclipse se forma en tus pupilas,
porque en el cierre de tus párpados
mi camino se oscurece,
pero al abrirlos regresa su fulgor.

Hoy, al fin el cielo
atendió al vaivén de mi pluma,
al fin ha hecho veraz el místico encuentro ,
un encuentro especial, el nuestro…
 
Yo disfrazado de día y tú con tu traje de noche,
dejando el cielo desnudo por un instante…
el mismo instante que duran tus parpados en abrirse y cerrarse,
el mismo que dura un beso,
el mismo que dura un eclipse…
 
Carlos J.

A primera vista

A primera vista

 

 Mi bella musa, déjame contarte una pequeña reflexión,

Una que ocurre bajo esta noche fría, donde todo parece hablarme:

El crepúsculo, las estrellas, el aire, la soledad…todo me habla de ti;

Y yo con algo de nostalgia, pero con mucho de esperanza,

te empiezo a susurrar…

 Qué inverosímil se nos ha mostrado el tiempo.

Qué anárquico ha sido frente a toda suposición,

frente a toda naturaleza.

Misterioso, milagroso, ostentoso…

¡Ay de nuestro tiempo, del que apenas

ha terminado y del que viene!

Yace cuidadosamente bajo una luz divina,

O sobre la sombra de un árbol colosal.

No importa qué tan distante

ni qué tan de prisa va,

finalmente lo que importa es

que es nuestro, de nadie más…

 Treinta hojas de otoño han caído,

pulcramente delinean el umbral

de una gran historia;

Treinta días de un color diverso, puro…

de un viento terso y dócil,

de una emoción que desdibuja su límite.

 Mi diosa, mi reina, mi amada soberana…

Hoy un mes de amor ha transcurrido,

tan rápido, tan lento, tan intenso…

No ha de ser extraño;

Es siempre así cuando nace a primera vista.

 

Carlos J.

 

Es bien sabido lo anunciado aquí

Imagen

Prudencia ha sido lo que siempre he tenido.

Paciencia y sutileza con el devenir de tu tiempo y del mío.

Resistencia a mis impulsos y un poco de miedo a ellos también…

Silencio en mis aventuras que no son más que sueños.

Consuelo de un pañuelo que juega a un buen amigo,

mientras mente y corazón desatan la gran batalla.

Ímpetu desgarrador de emociones traviesas.

Algo de locura o de amor…  ¿quién sabe que será…?

Tú… de nuevo mi única y más pronta  respuesta…

         – Carlos Jaramillo –