Archivo del sitio

El ladrón de intimidades (Rawi Hage)

9788492723409Opinión de la novela

En este caso, la opinión de la obra “El ladrón de intimidades” O “Cockroach” (cucharacha) en su idioma original la condenso en el siguiente ensayo, en el que, además de expresar algunas opiniones, intento plasmar una conjetura a partir del análisis transversal realizado a la novela. No está de más decir que, con algunos tintes Kafkianos, es esta una obra maestra de la literatura contemporánea.

Puntaje: 8/10

Ensayo:

El ser humano no es más que un invasor, un ladrón de hábitats y una devastadora plaga que se multiplica con una vertiginosidad asombrosa para poblar y apropiarse de un lugar que nunca fue ni debió ser suyo. No es difícil descubrir que, bajo esta lacónica afirmación, en la que me sincero con tono bizarro y belicoso hacia mi propia raza, se esconda una cierta verdad que, luego de ser reflexionada y mejor aún, sencillamente probada, (como las ciencias experimentales) resulte difícil contradecir, dada su connotación ética, filosófica y universal que se acredita con solo detenernos, echar un vistazo a nuestro entorno  y hacer conciencia de nuestra existencia. Pero, ¿de quién era entonces ese mundo?, ¿a quiénes robamos el lugar en el que ahora, tan cómodamente, nos hemos instalado? Imaginen que se encuentran en una habitación con paredes blancas, vestidos con colores oscuros y a su alrededor no existe nada sobre lo cual encubrirse. Entonces atraviesan las paredes gigantes seres de razas antropomorfas que, con la algarabía de mujeres exasperadas, intentan pisotearlos, aplastarlos hasta que todos los líquidos de sus cuerpos se esparzan sin dirección alguna. Pero, con la suerte de las cucarachas, aparece al final del aventurado camino una puerta, una ventana quizá, y logran treparse por allí y desaparecer de las monstruosas pisadas de aquellos seres que los repudian y que sin consideración alguna los despojan del lugar por el que antes transitaban plácidamente.

Algo así debió sucederles hace muchos años a los blatodeos, estos pequeños seres ovalados y aplanados, de patas largas y espinosas, que con seguridad habitaban la tierra de manera sosegada al lado de los dinosaurios. Pese a la descripción, para que nuestra mente se haga a una idea más clara sobre estos seres, basta pronunciar la otra palabra, la conocida, la aterradora: “cucarachas”, sí, esas mismas… ¡Hablamos de las malditas cucarachas!; en realidad no son malas, pero totalmente malditas, y eso hicimos de ellas desde el momento en que llegamos a invadir su espacio. Ahora, después de todas los miles de años de cambios: variaciones de las condiciones terrestres, disturbios radio nucleares, cambios climáticos poderosos etc., siguen existiendo y siguen siendo lamentablemente subordinadas, condenadas a la privación infinita de su libertad; ¡Una tragedia digna de una venganza, sin duda! Y es justamente esta idea de venganza la que sospecho se ha apoderado de todas las cucarachas del planeta; parece que generación tras generación, cada vez con mayor ímpetu se desarrolla un gen malvado que, de forma automática, se dispara y genera la creación sutil de un plan que, poco a poco, con sostenida paciencia, irá tomando forma, lentamente. Así, el bicho este sabe que pronto llegará el día en que papá y mamá cucaracha celebren con él, con sus hermanos, con sus primos, etc., la muerte de los humanos, y cuando muera entonces el primer humano en patas de una cucaracha, ese día será el día más histórico, más solemne, como una fiesta de independencia, de todas las cucarachas del planeta.

No resultará extraño para ustedes la enseñanza que nos dan los bichos estos, o los insectos en general: saben organizarse, trabajar en equipo, comunicarse y… saben tener un líder; un líder que, como cualquier cucaracha, es capaz de arrastrarse por cualquier parte, surgir de los sitios más recónditos y difíciles que podamos imaginar. Con seguridad también han llegado a sorprenderse, cuando ven una cucaracha que parece diferente a las demás, más corpulenta, más rápida y con patas y antenas mucho más largas; y entonces piensan: “es la líder…”, una cucaracha líder capaz de surgir incluso de la imaginación literaria, capaz de moverse por páginas y más páginas como estrategia escogida para, como bien sabemos, ejecutar su plan de venganza: una estrategia bastante camuflada, pensarán. La cucaracha líder de la que hablaremos es, pues, la cucaracha sin nombre, la cucaracha inmigrante, la cucaracha triste, sola, enamorada, con desgraciados tintes de humano, surgida de las páginas de la obra de Rawi Hage llamada “El ladrón de intimidades”, la cual nos indicará cómo y por qué una cucaracha encarnada en un hombre ha decidido liderar ese exhausto proceso de venganza contra la raza humana. Analicemos pues el porqué de esta conjetura.

Es bastante común ver cómo el ser humano ha ido buscando respuestas a muchos aspectos de la vida, de la existencia concretamente. Pero resulta esta búsqueda un verdadero reto cuando esas respuestas parecen diluirse como el humo de una taza de café caliente, y es entonces allí cuando se busca, más allá del plano de la realidad, la solución a todos sus interrogantes. Y, como es natural, se utiliza la fe para descargar en ella el peso de todas esas incógnitas y decidir que, a falta de respuestas concretas, sea ella quien conduzca el camino a seguir y las elecciones que dependerán del mismo. En este sentido, una de las dudas que más ha azotado a la humanidad es saber sobre su fin, sobre el momento del apocalipsis y de la furia de Dios, del juicio final en el que buenos y malos obtendrán lo que merecen y es por eso que, puerta a puerta, como si también hubiesen robado la paciencia propia de las cucarachas, caminan personas con una biblia en la mano pretendiendo convencer a los demás sobre el fin del planeta y la manera de hallar la salvación. Miremos el siguiente fragmento del libro:

 ¿Es consciente del agujero de ozono que tiene encima? ¿Ozono?, pregunté. Sí, Ozono. Es la capa atmosférica que nos protege de los rayos ardientes del sol. Hay en él un agujero que mientras hablamos se está expandiendo, y pronto nos freiremos todos. Solo las cucarachas sobrevivirán para dominar la Tierra. Pero no pierda la esperanza, joven, porque se puede redimir hoy si compra esta revista y asiste a reuniones sobre la Biblia en nuestro Salón del Reino. Compre la revista, hijo mío. ¡Léala y arrepiéntase! (Hage, 2008, p.12)

Analicemos de la anterior cita dos cosas brevemente: Primero, Hay que comprar la revista y de esta manera dar el primer paso para encontrar la salvación eterna. ¿Pretenden los humanos, pese a todo el daño causado, engañar al hombre cucaracha? ¿Acaso no les ha bastado con todo lo nefasto de sus actos? Lo segundo, resaltemos lo que dice la dama testigo de Jehová a nuestra cucaracha sin nombre: “¡Léala y arrepiéntase!”… ¿Pretenden también dar órdenes? Además… ¿arrepentirse? Ya parece ser demasiado tarde, ya el reino que yace en el subsuelo viene armando su estratagema como para considerar arrepentimientos humanos. Prueba de ello lo vemos en la reacción de quien, para referirnos por un nombre, llamaremos Cucaracha sin nombre, Cucaracha inmigrante, Cucaracha enamorada o simplemente Cucaracha. Con la discreción propia de ellas, Cucaracha sin nombre responde comprando efectivamente la revista, y mostrándose ingenuo a la retórica salvadora e ilusoria que le plantea la mujer testigo de jehová. Es necesario que lo haga, no puede levantar sospechas, tanto que llega a pedirles a las dos mujeres que tengan piedad de él en ese futuro día candente, donde todo arderá en llamas, y solo reinarán las cucarachas… al menos esto último debe ser lo único razonable del discurso, pensará con seguridad Cucaracha. Miremos la conversación que Cucaracha tiene con Reza, luego de que conoce a Shohreh, la razón del por qué también la llamaremos Cucaracha enamorada. “Pero Reza, maestro, dije, las hermanas también follan, las hermanas también tienen necesidades…” (Hage, 2008, p.19)  Ese término “hermanas” cuya connotación religiosa va dirigida a Shohreh, mujer iraní de la cual se enamora profundamente, es un indicio sutil de la burla que hace Cucaracha sobre la condición “pura”, “respetable”, “pulcra” y encaminada por la “fe” que pretende tener el ser humano, sin importar su procedencia. Ahora, miremos cómo a través de esta conversación, Cucaracha da cuenta de su odio al ser humano, de sus falsas pretensiones de vivir bien, como si creyera que de esta manera va a salvarse de lo que ya empieza a sospechar que le espera:

 Mírate, todo vestido elegante para seducir, encantar y atraer a esos pobres ciudadanos a tu mundo fantástico e imaginario. Para hacerlos arrodillarse en duros bancos, repitiendo cánticos de redención dentro de las mismas paredes, bajo los mismos ardientes soles de sus días de duro trabajo. Mírate, hijo del hombre, vestido de seda. No puedes estar guapo sin envolverte de la saliva de los gusanos. Yo al menos no necesito ninguno de tus adornos. Tengo un brillo totalmente natural, bien elaborado y añoso, como el vino destilado. (Hage, 2008, p.248)

¡Estas palabras solo puede decirlas un hombre Cucaracha con deseo de venganza!

Otra prueba del plan de Cucaracha podemos verlo en la conversación que sostiene con Shohreh: “Le conté que cuando Jesús venga y nos mate a todos los pecadores y acompañe a los fieles a su reino inmaculado, solo estos insectos sobrevivirán. Heredarán la tierra, dije.” (Hage, 2008, p. 52) Bien analizado, se puede sentir ese tono irónico de sus palabras, que finalmente siempre revelan que son los insectos quienes sobrevivirán, y lo repite constantemente, camuflando su aseveración bajo esa manta religiosa. Y como prueba del plan que poco a poco van ejecutando las cucarachas, Shohreh reacciona atacando los bichos que habitaban en el apartamento de Cucaracha Inmigrante, ya que le recordaban que su país también había sido abandonado a las cucarachas. Entonces  responde: “Son la hez de la Tierra. ¡Han de ser erradicadas!” (Hage, 2008, p.52) Ahora bien, ¿un país abandonado por las cucarachas no es una muestra de que el plan empieza a tomar forma? ¡Es tan natural la reacción de la hermosa Shohreh…! ignora que finalmente el humano sufre un proceso de metamorfosis que lo lleva a convertirse en cucaracha, lentamente, y es allí donde ellas reinarán la tierra. Y no es nada alejado de la realidad; ahora los vemos cargando biblias, pidiendo diezmos o profesando la palabra protectora sobre el altar. ¿Se dan cuenta? El plan, poco a poco, como siempre lo he sostenido, empieza a funcionarles.

Ahora detengámonos con más precisión en la relación de Cucaracha enamorada y Shohreh; Así reacciona Cucaracha cuando conoce a su amada: “Me volvió loco, me provocó un ataque instantáneo de metamorfosis que me hizo morder platos de papel, lamer utensilios de plástico, perderme en bolsas de patatas fritas.” (Hage, 2008, p.18) ¿Qué sucedería entonces, si este hombre, convertido ahora en Cucaracha, nuestro protagonista, penetra en el interior de Shohreh? Sí, terminará convirtiéndola también en cucaracha. Miremos: “Entonces nos revolcamos en la suciedad e hicimos el amor en la suciedad hasta que esta se convirtió en nuestro emblema, nuestra bandera a la que jurar lealtad, nos emborrachamos y compusimos nuevos himnos con gruñidos y el pesado exhalar e inhalar de la respiración.” (Hage, 2008, p.52) ¡Qué mejor manera de unirse a Shohreh, de juntarse a su aliada para ejecutar su plan de venganza contra la sociedad que con una espléndida cópula!, ¿verdad? Ahora, los mundos de Cucaracha enamorada y Shohreh no se desprenderán, seguirán juntos, burlándose del fiasco que es el humano y lo estúpido que lo vuelven sus creencias, mientras amortiguan sus deseos de venganza que dulcemente son los mismos: ambos inmigrantes, ambos con un pasado desgraciado y ambos con un as bajo la manga del cual hablaremos más adelante.

La Montreal donde se desarrolla la historia es una ciudad de la élite, una ciudad que acoge a miles de inmigrantes que llegan allí buscando, paradójicamente, una vida mejor. Lo que no saben esta cantidad de futuras cucarachas es que acaban de dar el primer paso para convertirse en eso… en las malditas cucarachas que siempre han odiado, a las que tanto daño han hecho. El caso de Cucaracha inmigrante es solo uno de los muchos casos de personas inmigrantes que viajan de otras partes del mundo, buscando mejorar las condiciones de vida o en su mayoría, escapando de sus lugares antes de que los maten… Porque como bestias que son, porque eso es el humano, se matan unos con otros sin razón alguna, facilitando el trabajo a las cucarachas. ¿No merecen el castigo que les espera? Esta alta sociedad alojada en Canadá, muchos de ellos de procedencia francesa, son continuamente atacados por el narrador de la obra, Cucaracha sin nombre, y reflejan otra razón más del odio de esta hacia la sociedad en que vive. Una tras otra, vemos las razones que tiene Cucaracha inmigrante para continuar con su plan que ejecuta genialmente en el inframundo, vemos el desprecio hacia esa alta burguesía, esa aristocracia disfrazada, pomposa y delirante con ínfulas de clases selectas y finas de la sociedad, disfrutando de lo que no les pertenece, de lo que crearon falsamente para apoderarse del mundo, un mundo cada vez más consumista, más devorador, más aniquilador, pero también más auto-destructor… y esto le gusta a Cucaracha inmigrante, porque justamente quienes se acaban a sí mismos, quienes destruyen su propio planeta con su voraz apetito consumista, no son más que cucarachas después de sus propios procesos de transformación, y que ahora solo deambulan por el mundo apoderándose y destruyendo lo que era de los humanos, pero que, a fin de cuentas, también estos robaron. Siendo así, la auto-destrucción del mismo estúpido humano, se encarga de dar justicia, de devolverle poco a poco lo que muchos años antes le perteneció a las cucarachas. Miremos algunos ejemplos de este desprecio hacia la sociedad, de esta burla constante:

“Tus días han acabado y tu especie está condenada. ¡Basura impotente y estéril! Y será mejor que sirva migas y rocío viscoso en su menú masticable Monsieur Pierre, o su negocio se verá condenado al cierre y a la destrucción. Será mejor que se acostumbre al ruido del rascar y el zumbido de las alas que abanican la comida caliente…” (Hage, 2008, p. 32)

Ahora miremos esta profunda crítica social, esta irreverencia hacia los status sociales de las metrópolis, el odio puesto allí contra el actuar del ser humano:

Los ricos odian a los pobres, y odian especialmente a aquellos cuyos olores salen a la superficie como una nube para ocultar el olor de los cigarrillos y de los platos calientes o para tapar el aroma viajero de un perfume caro. Nada corporal, nada natural debe emanar de un sirviente. Un sirviente debe ser visible, pero indetectable, eficiente pero pasar inadvertido; debe dar de comer, pero estar mal nutrido. Un sirviente debe ser siempre visto en blanco y negro. (Hage, 2008, p. 79)

Razones de sobra tiene, pues, Cucaracha sin nombre para llevar su plan, para acabar de raíz con la especie humana. Pero si acaso, aún quedan dudas, miremos esta expresión y comprendamos que solo basta leerla para entender que efectivamente Cucaracha sin nombre se trae algo entre manos, que pronto logrará acabar con el primer humano por sus propias patas, y así, lentamente, ofrecerle un sentimiento de libertad a todas sus compañeras del subsuelo.

“Y toda la melodía procederá del corazón de los seres cuyos instrumentos son innatos dentro de ellos; patas de insectos que hacen canciones delicadas como si fueran violines… millones de criaturas sincronizadas, orquestadas, marchando para reclamar lo que les pertenece.” (Hage, 2008, p.29) “Marchando para reclamar lo que les pertenece…” ¡más que claro!

Ahora quiero aportar otras evidencias basadas en hechos: Los fósiles más antiguos de cucarachas datan del Carbonífero inferior (hace 360-310 millones de años). Se llegó a denominar esta época “la edad de las cucarachas” ¿les miento cuando afirmo que las desplazamos de su lugar? Además, las cucarachas se volvieron inmunes al veneno de los malditos humanos. Ahora todas, como Cucaracha sin nombre, se ríen al ver cómo fallan en sus intentos por destruirlas, cómo intentan en vano detener la multiplicación que llevan a cabo en escondites secretos, en los lugares más desapercibidos. Sin el humano enterarse completamente, ya se encuentra invadido por estas y pronto sabrán de qué les hablo. Yo no me asusto… quizá hace mucho que me convertí en cucaracha. A tal punto de determinación han llegado, que incluso lograron desarrollar la estrategia de partenogénesis, en la que cucarachas hembra no necesitan aparearse con el macho para reproducir. Nada mal para estos bichos tan “indiscriminados”. ¡Incluso se hacen las muertas! No me extrañaría pensar que puedan gobernar mejor este mundo que el propio humano. (TDI.2009. 101 cosas sobre las cucarachas. Resolviendo la incógnita.)

Analicemos ahora aspectos internos, psicológicos del personaje, basándonos en sus expresiones y pensamientos narrados frecuentemente para ver cómo pueden darnos más idea o al menos nos permitan confirmar nuestras sospechas sobre su ya mencionado plan destructor. “Lo maldije en su cara y le dije que llegaría el día en que todo mi poder saldría a la superficie”. (Hage, 2008, p.29) Como bien sabemos, Cucaracha es un hombre que roba cada que puede, que sabe meterse, fiel a sus habilidades de insecto, por los espacios más diminutos, por las estructuras de más difícil acceso y las superficies más indeseables hasta adentrarse en las casas, hasta robar lo que desea, incluso las intimidades de quienes de alguna manera, se convierten en sus víctimas. De esta manera, Cucaracha sin nombre aventaja claramente al humano quien no logra entender cómo su tranquilidad, su intimidad, de repente, se ve obstruida por algo que no puede detectar. ¡Es la gran habilidad de la cucaracha! Y esta habilidad la utiliza también para irse vengando lentamente de la especie humana, como una manifestación de su desprecio infinito. Miremos: “Me sentía instintivamente atrapado en el mundo cruel e inhumano saturado por los seres humanos. Odiaba a los mayores que siempre me miraban de arriba abajo. Por supuesto, ellos gobernaban las alturas, pero yo era el amo del subsuelo.” (Hage, 2008, p.26)

Hay una expresión en la cual Cucaracha parece darnos la llave secreta, parece decirnos en términos muy suyos la verdad que pronto todos conocerán: “Otros seres humanos contemplan el cielo, pero yo te digo que el único modo de llegar al mundo es pasando por el subsuelo”. (Hage, 2008, p.27)

Y en este fragmento, Cucaracha nos deja ver su interior, su sensación, no debe ser nada fácil superar todo lo que ha debido superar, la muerte de su hermana, su intento de suicidio, las constantes discusiones familiares, las muertes que presenció en la guerra de su país natal, un hombre cuya historia lo ha vuelto más fuerte, dispuesto a condenar a una sociedad sucia, pérfida, a la que muy pronto logrará destruir. “Era la necesidad que sentía de desnudar al mundo de todo lo que había a mi alrededor y existir por debajo de todo ello, sin objetos, gente, luz ni sonido. Era mi necesidad de desplegar una eterna manta que lo cubriría todo, sellaría el cielo y mi ventana y convertiría el mundo en la obra teatral de un insecto.” (Hage, 2008, p.16)

Finalmente, quiero retomar el caso  del as bajo manga de Cucaracha sin nombre y su Shohreh… a Shohreh la mueve el deseo de muerte hacia Shaheed; por su parte, Cucaracha sin nombre aún tiene vivo el recuerdo de la oportunidad que tuvo para terminar con Tony, el asesino de su hermana. A ambos los mueve el deseo de venganza, es por ello que cuando Cucaracha Enamorada asesina finalmente, con sus propias patas a Shaheed, el asesino y violador que perturbó a Shohreh en su pasado, huye rápidamente a donde siempre perteneció, a donde siempre iba después de robar comida, algún objeto, o simplemente después de robarse la intimidad de alguien, al subsuelo. Allí, en el inframundo, a través del desagüe que tanto le gustaba (“Lo que realmente me fascina son esas pequeñas cantidades de espuma de jabón que flotan hacia el desagüe, girando y desapareciendo. Las pequeñas cosas como esa me hacen pensar. Empiezo a valorar mi existencia basándolo en esas observaciones” (Hage, 2008, p.43) ) nuestro narrador o Cucaracha sin nombre como lo hemos bautizado, se escapa para ir a celebrar junto a sus aliadas la primera gran victoria, la caída del primer hombre en propias manos o, mejor, en propias patas de una cucaracha, lo que supone el comienzo del fin de la raza humana.

Así pues, pretendo con estos datos y citas probarles la veracidad de la hipótesis de que muy seguramente el narrador de “El ladrón de intimidades” efectivamente lidera un macabro y bien estructurado plan, con mecanismos de ataque y defensa claros, para por fin volver a apoderarse de lo que una vez perdieron. Es importante aclarar que toda esta hipótesis se basa en una sensación de dualidad interna que siento que vive el personaje, una lucha consigo mismo por vivir bajo las tinieblas, ocultado del sol, ocultado de la nefasta humanidad y sus atrocidades, y planeando, bajo el lugar más remoto del subsuelo, el plan de venganza contra la raza humana. Plan que finalmente logra materializar luego de asesinar al primer hombre, ese que no pudo asesinar antes para salvar a su hermana, y así lograr una venganza, en primera instancia, personal, consigo mismo, y luego una venganza universal contra todo aquel ser humano que persista en mantenerse en un lugar que ahora empieza a pertenecerle, como hace miles de años, a estos astutos insectos, a estos estrategas ladrones de intimidades. Así, quizá entonces puedan volver a dar origen a una “Edad de las cucarachas”, razón por la cual batirán sus alas y moverán sus antenas con máximo orgullo.