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Roberto Zucco (Bernard Marie Koltés)

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 SOCIEDAD VIOLENTA Y FLUCTUANTE:

UNA MIRADA DESDE LA LIQUIDEZ DEL SUJETO

Por Carlos Jaramillo

Resumen: A partir del aporte filosófico moderno del francés Zygmunt Bauman, se intentará evidenciar el concepto de Modernidad líquida en la obra dramática Roberto Zucco de Bernard-Marie Koltés, encauzándolo, a su vez, con elementos extraídos de La violencia y lo sagrado de René Girard y de otras posturas filosóficas, en función de acentuar la manifestación del “componente líquido” en la figura engañosa, deformada, endeble y, por consiguiente, violenta, propia de la sociedad actual, aspecto que buscará reflejarse en la obra de Koltés.

PALABRAS CLAVES: Zygmunt Bauman, Bernard-Marie Koltés, René Girard, Modernidad, liquidez, violencia, sociedad, identidad, individualismo.

Bien sabido es que el mundo, en esencia, es una esfera de masa, de materia articulada de la cual emana energía y movimiento. También se sabe que dicho mundo, o mejor, dicho cúmulo de materia se encuentra condicionada por diferentes estados que regulan la misma y mantienen el equilibrio en la superficie terrestre; así, conocemos entonces los tres estados en que puede presentarse: sólido, líquido y gaseoso, de los cuales Zygmunt Bauman usa los dos primeros para ejemplificar metafóricamente el devenir de la historia del hombre en sus diferentes ámbitos que, para nuestro caso, será examinado en términos fundamentados desde lo social en pro del desarrollo pertinente de la temática del presente texto, sin desconocer, como es debido, el sello importante implantado en otros ámbitos históricos desde los cuales también el autor en su obra establece su visión.

De este modo, Bauman utiliza el concepto de Modernidad refiriéndose a como el hombre inicialmente se condensaba en la solidez, en la rigidez social y en la pasividad ante lo ya establecido, configurando entonces una primera modernidad: la modernidad sólida, insoluble, estática, una época que marcó por largo tiempo el modus vivendi de las sociedades. Luego aparece el segundo estado, que es justamente en el que se cimienta su obra y de la cual se abordará el análisis de Roberto Zucco: La modernidad líquida. Es en ella —luego de un lógico proceso de transición— donde la sociedad adopta comportamientos claramente diferentes, fluctuando como los líquidos. Entonces, ¿no es fácil percibir hoy una sociedad contemporánea que se mueve y se agita con frecuencia, que adquiere un carácter súbito, moldeable pero inestable y propenso a la oscilación desordenada de sus partes?

Es este carácter pues, más concretamente el de la liquidez, el que servirá para ilustrar, a partir del coloquio entre dichos conceptos socio-filosóficos y la literatura encarnada en este drama trágico, por un lado, la identidad e individualismo en Roberto Zucco, y por otro, la idiosincrasia de las relaciones que se establecen en la misma, dando lugar así a una revisión de ese entramado que sostiene a la sociedad actual y de la que —cabe mencionar— se desprende ese matiz violento y autodestructivo que parece ser tan inherente a su naturaleza humana.

Ya se dio un bosquejo de la metáfora de la liquidez utilizada por Bauman; ahora bien, si hacemos una mirada también líquida, podremos esparcirnos sin problema por las páginas escritas por Bernard Marie
Koltés y encontrar en Roberto Zucco una obra que nos pone en evidencia la representación del sujeto (entendiéndose este, en general, como la humanidad) que fluye en el individualismo, que va y viene en medio de relaciones transitorias, efímeras, simples y fluctúa en la búsqueda o invención de su identidad con la cual logre encajar en el resto de la sociedad, aspectos que a la par sirven como claros indicios para explicar la exteriorización de esa violencia arraigada en el interior del ser y que bien se encarna, sin tapujo, en el personaje Zucco y, en menor nivel, en otros personajes de la obra.

Roberto Zucco, una obra teatral que ve su génesis finalizando la década de los 80, es escrita por Bernard Marie Koltés, un dramaturgo francés que para la época se encontraba debilitado a causa del SIDA. Tal vez esto nos dé a entender las pocas páginas de la obra, la mirada rápida que hace de la historia real sobre la que fue escrita y de la que toma, con posibilidad, los elementos quizá más notorios para construir una historia que corre a un ritmo ligero, con un tono simple, aunque con despliegues de notable elocuencia que exaltan su valía poética y que gira en torno a la figura de un asesino en serie que acaba con su familia y otros personajes, sin mostrar ningún tipo de piedad o remordimiento y que coincide, en su camino, con La chiquilla, otro personaje que adquiere por momentos protagonismo en la obra y que comparte ciertas similitudes con Zucco; es con estos dos personajes, pues, que Koltés teje dos historias entrelazadas que, entre otras cosas, denotan temas sustanciales como la virginidad, la prostitución, la libertad, el engaño , etc.

EL INDIVIDUALISMO, LA IDENTIDAD Y LAS RELACIONES: TRES ASUNTOS LÍQUIDOS

Tres asuntos líquidos salpican conjunta y transversalmente la obra de Koltés. El primero de ellos, la individualización del ser, nos marca una sociedad que funciona como un ente individual que puede valerse por sí mismo, que persigue sus intereses particulares y que se distancia de una colectividad de la que siente represión. Dicho de otro modo, una sociedad propensa a la fragmentación, a la descomposición y esparcimiento en direcciones distintas solventando así la necesidad aparente de desvinculación social, quedando al descubierto entonces que “la individualización parece ser la desintegración de la ciudadanía” (2002: 24) tal como lo indica Bauman en el prólogo de La individualización: El individualismo institucionalizado de su homólogo Ulrich Beck. Entre tanto, en Roberto Zucco se halla en continua expansión esa brecha que confronta al individuo con el ciudadano:

Soy un chico normal y razonable, señor. Nunca me he hecho notar. ¿Se habría fijado en mí si no me hubiera sentado a su lado? Siempre he pensado que la mejor manera de vivir tranquilo es siendo transparente como un cristal, como un camaleón sobre una piedra, atravesar las paredes, carecer de color y de olor; que las miradas de la gente te atraviesen y vean a la gente detrás de ti, como si no estuvieras allí. (1988: 59).

La modernidad es líquida porque ahora adquiere un curso emancipado que tiende a su autosuficiencia, sin embargo, el individuo no puede escapar del todo de la sociedad, dado que esta se configura como el medio que lo somete para así poder encontrar su ‘libertad’. Así pues, Zucco es el manifiesto de esa autosuficiencia, de esa emancipación que Beck indica en La individualización afirmando que “la propia existencia es vivida como una biografía reflexiva y electiva, que se expresa en el mandato ‘hágalo usted mismo’” (2002: 33). Sin embargo, Zucco sigue siendo ‘condicionado’ por el peso mismo de la sociedad en su intento de evasión, hecho que se hace notorio en la respuesta del anciano de la estación cuando le recuerda que siempre se puede descarrilar en cualquier momento:

Soy como un tren que atraviesa tranquilamente una pradera y que nada podría hacer descarrilar. Soy como un hipopótamo hundido en el cieno que se desplaza lentamente y al que nada podría desviar del camino y del ritmo que ha decidido tomar. (1988: 60)

En un sentido más general, a lo largo de la obra se observa el individualismo de los personajes, cada uno adoptando formas distantes, vertiendo su particularidad que apunta al beneficio propio y revistiéndose como una sociedad desvinculada. Ello es fácilmente apreciable en la chiquilla, quien dice tomar sus decisiones por sí misma; en el padre, un borracho cuya mayor cercanía se encuentra en las cervezas; en el hermano, quien va tras intereses netamente económicos; en policías que reflejan el despotismo y la corrupción… y así, el individualismo se va filtrando hasta inundar las líneas que bañan la obra de Koltés.

Muy ligado a este concepto de individualismo trabajado anteriormente está el de identidad, el segundo aspecto líquido. Bauman se refiere a la identidad como algo ondulante, espumoso, resbaladizo y acuoso y que hay que inventar, en lugar de descubrir. Por su parte, Erikson en su teoría de la psicología del yo entiende la identidad como un proceso ubicado en el núcleo del individuo y del entorno, que está en desarrollo y cambio constante. Así pues, ambos autores parecen estar de acuerdo en que la identidad es una tarea del individuo, mediada por la sociedad y que cambia dinámicamente. Tal resumen de datos, en consecuencia, es útil para, desde una visión personal, escenificar la identidad de Zucco, construida de forma semejante a la expuesta por los autores.

Así, vemos un Zucco que al parecer ha llevado una vida normal y que, de forma brusca, ha cambiado notoriamente, haciéndose criminal. Como si, tal vez, luego de sus revoltosos conflictos interiores, se hubiese reinventado exteriorizando así su naturaleza execrable, —de la que ya no podrá evadirse— como respuesta a una sociedad enajenante a la cual detesta y de la que desea huir, sin encontrar otra alternativa de respuesta que usar la violencia en su mayor esplendor.

¿Por qué este niño, tan sensato durante veinticuatro años se ha vuelto loco bruscamente? ¿Cómo te has descarrilado, Roberto? ¿Quién ha atravesado un tronco de árbol en ese camino tan recto para hacerte caer al abismo? (1988: 45).
Quiero marcharme. Hay que marcharse en seguida. Hace demasiado calor, en esta mierda de ciudad. Me gustaría volver a nacer perro, para ser menos desgraciado. Perro callejero, buscador de basuras. Nadie se fijaría en mí. (1988: 68).

Desde otra mirada, la identidad es entendida, en relación con la memoria, como una construcción que amerita una recopilación histórica del individuo, donde sus vivencias del pasado y del presente, más las proyecciones hacia el futuro, articulen esa tridimensionalidad temporal que forma la identidad. No ser tenida en cuenta esta transición a lo largo de la vida, sería negar las consecuencias de actos pasados construyendo una engañosa inocencia; sin embargo, se puede mencionar aquí la presencia que aparece innata en el individuo de poder olvidar. Memoria y olvido se vuelven entonces dos elementos que confluyen en la identidad. Así lo indica Nietzsche quien dice además que el niño es inocente porque no tiene pasado ni memoria, pero que ya no podemos transformarnos en niños, y por tanto, en la memoria se mantiene vigente aquello que no cesa de doler. En Genealogía de la moral dice que “la fuerza que actúa en contra de la memoria es la capacidad de olvido”. (1972: 65)

Siguiendo este rumbo, la escena 12 de la estación donde Zucco conversa con la señora a quien le asesinó su hijo, es un vivaz ejemplo de esta mirada de la identidad, en la que también converge el elemento líquido en la medida en que su identidad parece querer escabullirse, desbordarse, adquirir una forma “derramante” a través de su memoria, pese a que él expresa su deseo de ‘no querer olvidar’.

No, yo no olvido. Lo veo escrito en mi cerebro, cada vez peor escrito, cada vez menos claro, como si se borrase; tengo que mirar cada vez más de cerca para conseguir leerlo. Tengo miedo de encontrarme de pronto sin saber mi nombre. (1988: 92)

Y aún esta identidad parece establecer un cierto contraste paradójico, si hacemos una pausa para fijarnos en que Roberto Zucco resulta ser el único nombre propio de entre todos los personajes, como si se quisiera dotar de una identidad forzada que, tal vez, hace mucho siente robada por parte de la sociedad.

Las relaciones humanas inconsistentes, fluctuantes, cortantes son una característica que Bauman resalta con frecuencia para explicar la liquidez en la sociedad contemporánea, y allí viene el tercer aspecto líquido a tratar. Cuenta de esto se da cuando afirma en Identidad que “Así, si usted desea ‘relacionarse’, ‘pertenecer’ por el bien de su propia seguridad, mantenga las distancias.” (2005: 69) En Roberto Zucco se da en diferentes niveles esas mismas relaciones flojas, poco duraderas, improvisadas e ilusorias. La primera de ellas, la relación que ocurre entre el anciano y Zucco en la estación. Ambos en situaciones similares, moviéndose en un mundo que les resulta desconocido, ajeno y solitario, pero que, no obstante, detona una conversación que se vuelve el hilo de una relación efímera, diluyente, pero cargada de un aparente amparo recíproco.

Usted tartamudea, muy ligeramente; me gusta mucho. Me tranquiliza. Ayúdeme, en la hora en que el ruido irrumpa en este lugar. Ayúdeme, acompañe a este viejo perdido hasta la salida y más allá, acaso. (1988: 61)

En otro nivel se encuentra la relación que une a Zucco con la chiquilla; una relación que parece dejar en ambos una marca irreducible: En la chiquilla, la ausencia perpetua de su flor que ahora le pertenece a él y por consiguiente, su inserción en un mundo hostil; en Zucco, la pérdida de su ‘libertad’ desde el momento en que decide revelar su nombre, cediendo a las insistencias de ella. Así, dicha relación se vuelve entonces una constante fluctuación que se esfuma luego de un corto reencuentro.

Otra relación que cabe resaltar es la del hermano y la chiquilla. Entre ellos, hay una clara relación de costo beneficio, tan frecuente en las relaciones que describe Bauman, donde la globalización y el consumismo son protagonistas. Así, ocurre una liquidez dada en una relación frívola, dispersa y en un sentido, esta vez, monetario.

Yo he fijado el precio en abstracto porque no tiene precio… Pero yo no pienso discutir. Lo tomas o lo dejas. Haces el negocio del año o sigues en la miseria… Te hará ganar tanto dinero que olvidarás el precio. (1988: 88-89)

Se ha procurado, pues, por dar una mirada clara a la forma en que está presente el concepto de modernidad líquida en tres aspectos que considero resultan relevantes por su ejemplificadora inclusión en la composición líquida, encontrando así elementos de relación entre Roberto Zucco y este pensamiento socio-filosófico.

Ahora, a fin de concluir el presente análisis, se abordará el concepto de violencia, no desde un marco tan denotativo como lo muestra la obra, sino, más bien, desde otra postura social que tiene que ver con la implantación oculta del elemento de lo sagrado en las ‘instituciones’ que conforman la sociedad actual, de tal manera que, aun permaneciendo un acto de clara violencia, se logre camuflar este de tal forma que resulta aceptado por las personas. Por lo tanto, aventuraré a germinar un nuevo concepto, donde converja el elemento líquido de Bauman con el de la violencia trabajado en René Girard en su libro La violencia y lo sagrado:

LA VIOLENCIA LÍQUIDA

Como se mencionó anteriormente, en Zucco se plasma de manera patente esa violencia en su mayor furor, como si hubiese alcanzado el punto máximo de ebullición; el mismo, podría ser consecuencia de una visión que tiene Zucco frente a su mundo, viendo a este como una gran calamidad que amerita un rito especial, — como el Pharmakos que se ejecutaba en la Antigua Grecia en el que una persona o una colectividad era sacrificada para obtener la purificación y liberación de culpa — una especie de chivo expiatorio, concepto del que se vale René Girard para explicar cómo el sacrificio, a partir de lo ‘sagrado’ se vuelve una violencia que en la sociedad actual se muestra nebulosa, oculta, respaldada por motivos ‘necesarios’ y de aparente racionalidad para conseguir la aceptación de la misma, sin ser del todo percibida.

Por consiguiente, podría ser esta la razón que explica los múltiples asesinatos de Zucco, intentando condenar así al individuo en general como especie que debe ser exterminada, y de lo que ni él ni su familia quedan excluidos. Pertinente resulta entonces resaltar la cita que hace Girard de Konrad Lorenz cuando se refiere a ese aspecto sagrado como una violencia que busca una víctima de recambio, que para nuestro análisis puntual sería la humanidad en conjunto:

Lorenz, en La Agresión habla de un determinado tipo de pez al que no se puede privar de sus adversarios habituales, sus congéneres machos, con los cuales se disputa el control de un cierto territorio, sin que dirija sus tendencias agresivas contra su propia familia y acabe por destruirla. (1995: 10)

Emerge entonces una conclusión un tanto curiosa: Roberto Zucco configura la evidencia latente de esa realidad violenta que recorre como un fluido en la sociedad, realidad que en Zucco se halla en su forma más ostensible y absuelta de todo tipo de ornamentación, recurso que, en cambio, parece dotar con firmeza a la sociedad actual que encarna de manera ‘institucionalizada’ esa misma violencia. Así pues, una lectura como esta deja al descubierto una realidad violenta que, mostrada desde dos polos opuestos, parecería una paradoja vista desde la obra, dado que para evidenciar lo que parece estar enteramente invisible se vale de una manifestación violenta claramente visible y en fervor, hasta el punto de bullir como un líquido expuesto a intensa temperatura.

En resumen, la liquidez de la que me he valido gracias a Bauman, resulta, pues, un concepto más que concerniente para el análisis transversal que se ha hecho en Roberto Zucco, una obra que, a partir de esta interpretación, nos habla de la insustancialidad y el carácter violento y fluctuante que inunda la sociedad actual —de la que no sería sorpresa que, en un porvenir, se transfigure en un estado gaseoso y, por ende, más disperso aún— y que invita, sin lugar a duda, a una cercanía casi necesaria con la obra de este autor, reconocido hoy en día como referente del teatro contemporáneo.

BIBLIOGRAFÍA
Koltés, Bernard-Marie (1988). Roberto Zucco.
Bauman, Zygmunt (2003). Modernidad líquida. México: FCE.
Girard, René (1995). La violencia y lo sagrado. Barcelona: Anagrama.
Nietzsche, Friedrich (1972). La genealogía de la moral. Madrid: Alianza.
Zabludovsky Kuper, Gina. (2013). El concepto de individualización en la sociología clásica y contemporánea. Política y cultura, (39), 229-248. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422013000100011&lng=es&tlng=es.
DE ZAN, Julio. Memoria e identidad. Tópicos [online]. 2008, n.16 pp. 41-67 http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1666-485X2008000100003&lng=es&nrm=iso