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Lolita (Vladimir Nabokov)

9788433968272Opinión de la novela

Poco antes de empezar a escribir mi opinión frente a la novela que acababa de leer —en cumplimiento de mi tarea personal— pensaba en que fui casi un “Humbert” mientras tuve esta obra en mi poder. Inmediatamente después de escuchar la recomendación que me hicieron de un libro llamado “Lolita” de un señor de nombre “Vladimir Nabokov” algo pareció haberse activado en mi ser, y como si fuera una especie cualquiera de roedor, empezó a escudriñar en los caminos repetitivos y entrecruzados de las paredes de mi cerebro, hasta que, luego de hacer caso a ese “algo” que me susurraba en tono delicado una sugerencia literaria indicándome que no me arrepentiría, decidí dar inicio a la aventura de leer “Lolita”.

Fue complicado inicialmente, hubo algunas obstáculos que me impidieron adentrarme seria y profundamente en las páginas del libro, pese a la seducción que incesantemente me causaba. Sin embargo, una vez pude iniciar la lectura,rápidamente sucumbí ante la perversidad delirante de una prosa fantástica, de una parodia tenue, fina y aguda, de un laberinto interminable donde residen cantidad de pasadizos y portales secretos que invitan al ejercicio de una lectura seria y apasionante. Así, pues, fue como me dejé absorber, perturbar e inquietar por el conmovedor relato-confesión del profesor Humbert.

“Lolita” es la obra maestra de quien puede ser uno de los últimos grandes escritores rusos de la literatura universal: Vladimir Nabokov, otra de esas “frecuentes” mentes geniales tan incomprendidas y juzgadas de la época, quien escribió —y es un detalle admirable— su novela “Lolita” en un idioma que no era el suyo, el ruso, sino en el idioma de un país en el que tuvo que alojarse luego de ser víctima del exilio por los diversos conflictos de la 2da guerra mundial: el inglés, un idioma que él mismo tilda de mediocre. Sin embargo, es un hecho tan destacable que a pesar de este “pequeño” detalle “Lolita” haya logrado posicionarse con bases firmes como una de las grandes obras del siglo XX. Y es que en sus páginas transcurre una historia cruel, difícil de digerir, apasionante… la oscura, descarada y hasta tierna historia de Humbert Humbert y su irrefrenable obsesión amorosa por la dulce y tierna Lolita, una niña de 12 años tan común, tan inocente y tan víctima.

La obra está dividida en dos partes, siendo claramente la primera la más intensa de ellas, en las que se narra en términos generales, aspectos iniciales que dan a entender el trauma psicológico del profesor, su primer amor, detalles personales que tienen que ver con su familia, sus estudios, su profesión etc, y sobre todo, su relación inicial con Lo, una relación que poco a poco va aumentando en intensidad, hasta llegar a leer algunas escenas tan cargadas de emoción que cuesta trabajo poder avanzar. La segunda parte, si bien pierde un poco ese matiz de intensidad, es —en palabras del mismo autor— donde se hayan los nervios, las coordenadas subconscientes de la novela, hasta llegar a una escena que además de constituir el clímax de la historia, finaliza con fina puntada esa parodia constante que hace a lo largo del libro.

Entre tantos detalles fantásticos que podrían enumerarse de esta joya, voy a destacar dos: uno es la manera fascinante en que Nabokov entreteje su historia a través de un elemento que es la suerte, el azar o el destino, como prefiera llamársele. Es este detalle, el que le da la vitalidad necesaria para que la historia funcione con tan perfecta armonía en un juego dotado de matices que vuelven real la ficción y donde nos enfrentamos a un desasosiego constante no solo por querer saber lo ocurrido, sino, peor aún, por necesariamente preguntarnos si en realidad es verdad todo el relato que se nos es narrado y del que somos testigos solo en la versión que nos cuenta Humbert, el narrador de los hechos en primera persona. El segundo detalle es el de un tema que ya ha sido tratado con anterioridad en la literatura, y es el del doble. El repetido nombre Humbert Humbert como el “William Wilson” de Poe representa la dualidad del personaje. Un Humbert es el tipo consagrado a su estudio, que intenta ser correcto y guiarse por lo que le dice su moral, que no haría daño a nadie. El otro es el Humbert terrible, el pedófilo, el ser abyecto, despreciable y enfermo, que se vale de todo tipo de artimañas para ejecutar su malévolo plan, aún sabiendo que no es correcto lo que hace. Tenemos entonces, el Humbert “bueno” y el Humbert “malo”, y el detalle cobra aún más vida con la aparición casi secreta, sigilosa, detectivesca de Quilty, quien no es más que la personificación de ese ser abominable, de esa sombra, de ese lado oscuro que tiene Humbert.

Pude enterarme por diversas lecturas que hice, que el término “Lolita” se ha popularizado con tanto furor que es reconocido dentro del lenguaje coloquial como sinónimo de “mujer joven y atractiva, seductora”, o lo que el autor también define espléndidamente como “Nínfula”; un simple punto de partida para medir la influencia que tuvo esta novela desde que fue publicada por allá en el año 1955.

Sea la “Lolita” de Kubrick, la de “Lyne” o la que me he ideado en la mente, de lo que sí estoy seguro es que una vez uno, ya entregado en su papel de lector, se sumerge en las páginas de “Lolita”, el hechizo se aviva inevitablemente en la mente y en el corazón del lector, y se ve uno condenado entonces al recuerdo perdurable, imperecedero, inmortal —como el pobre Humbert con su pequeña impúber—; a llevar para siempre el peso de la turbación y del desconcierto que quedan después de una lectura tan intensa y excitante.

Puntaje: 10/10

Carlos J.